IMPRENTA DE POLO, EL FINAL DE DOS SIGLOS DE HISTORIA

1Esta semana que ya acaba, mis obligaciones personales me llevaron una mañana, como otras tantas, hasta Burgos para realizar una serie de gestiones. Los que vivimos fuera de la capital siempre identificamos estos desplazamientos con momentos no demasiado agradables, porque suelen ser sinónimo de algún tipo de problema, será por eso que muchas veces pasamos de largo por sus calles sin detenernos demasiado a contemplar las maravillas que el paso del tiempo ha ido dejando en ellas, aunque todos recordamos la primera vez que siendo niños nos llevaron a ver el papamoscas de la catedral.

La verdad es que no lo he vuelto a ver desde entonces porque hace ya mucho tiempo que la iglesia descubrió que podía cobrar por ello y, sinceramente, se me quitaron las ganas.

Lo que sí suelo hacer cuando el tiempo me lo permite, es pasear un ratito por el centro y después de cruzar el Arco de Santa María y contemplar  la fachada de la Catedral, perderme por sus callejuelas y buscar refugio en alguno de sus bares para recuperar fuerzas antes de volver a casa.

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