EL PODER DE UNA BANDERA

7Será porque soy ciudadano de frontera  entre Castilla y el  País Vasco o porque vivo en un país que nunca ha sabido cerrar heridas por lo que seguramente siempre me ha costado identificarme con determinados símbolos. Nuestra generación no fue la que sufrió el empacho nacionalista de nuestros padres pero sí fuimos los que todavía besamos la bandera y desfilamos ante ella con uniforme militar. También a nosotros nos tocó ver cómo se la apropiaban los intransigentes y los que la utilizaban para defender unos valores trasnochados y retrógrados en el momento en que debía haber sido de todos.

Por eso, excepto en los eventos deportivos, en los que según algunos, hacemos el ridículo tarareando un himno silencioso, y que quizás nos evite la vergüenza de soltar soflamas impresentables que recogen las letras de muchos países, con poco agrado contemplo el ondear de la roja y gualda. En general, poco me atraen los emblemas nacionalistas, porque, lejos de unir, siempre son un elemento de exclusión.

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