WROCLAW, LA CIUDAD DE LOS ENANOS

1Muchos son los motivos para hacer una parada en esta preciosa ciudad de la Baja Silesia.

Wroclaw, tercera ciudad de Polonia por su tamaño, es hoy un importantísimo centro universitario.

Bañada por el río Oder, está compuesta por numerosas islas unidas por puentes y atravesada por multitud de canales.

En uno de esos puentes contemplaremos de una forma exagerada el fenómeno de los candados con tal intensidad que, en algunos puntos, la barandilla desaparece bajo una capa inmensa de todos los tamaños y colores, es increíble cómo se transmiten algunos fenómenos globales.

Nuestra primera parada la hicimos junto a la isla de la Arena, donde pudimos contemplar su Catedral Gótica. No es el único edificio religioso de la zona, la ciudad está llena de iglesias góticas construidas de ladrillo y con interiores barrocos. Dado que esta zona fue Alemania hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, muchas de ellas fueron en su día de culto luterano, en la actualidad son todas católicas. En muchas esquinas nos encontramos fotos con imágenes de destrucción tras la entrada soviética.

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Lo que también se hace más presente que en otros lugares es la figura del Papa Juan Pablo, hay alusiones a sus visitas y diversas imágenes aluden a actos importantes para el catolicismo celebrados aquí en distintas ocasiones. Diversas placas nos recuerdan nombres de santos mártires, muertos en los campos nazis y elevados a los altares por Wojtyla.

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No cabe duda de que estamos en una ciudad de marcado carácter religioso y prueba de ello es la Universidad de los Jesuitas, que llegaron aquí de la mano del Rey Leopoldo I, con idea de servir de freno a la Reforma Luterana del siglo XVI. De este lugar han salido 12 Premios Nóbel y desde el observatorio astronómico, que corona uno de los edificios, se descubrió Neptuno.

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Después de callejear un buen rato, disfrutando de un sol espectacular, llegamos a la Gran Plaza del Mercado, la mayor y más bonita de todas las que contemplamos en Polonia. En todas las ciudades siempre hay un lugar como éste alrededor del que gira la vida ciudadana, pero ninguno tiene el ambiente que aquí se respira.

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Hay otra pequeña placita en un costado, es el mercado de las flores. En el centro destaca el Ayuntamiento de estilo gótico, coronado por un precioso reloj astronómico del siglo XVI.

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Entramos en una cervecería espectacular, que nos traslada a la Edad Media, y en la que los salones están divididos por estamentos sociales. Nos sentamos fuera en una de las atestadas terrazas, y probamos las cervezas típicas que nos han recomendado, cerveza de chocolate y cerveza de miel, realmente la segunda se puede beber pero la primera, de nombre tan atrayente es un fracaso, donde esté la tradicional que se quiten estos inventos.

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Sentados en un sitio tan hermoso y disfrutando un día de verano, del latido de una ciudad tan viva, es difícil imaginar que la polaca Wroclaw antaño alemana Breslau fuera testigo no hace demasiado tiempo de uno de los mayores éxodos humanos de nuestra historia. Fue tras los acuerdos de Yalta y Postdam, acabada la Segunda Guerra Mundial cuando la ciudad y toda Silesia se integró en Polonia y como consecuencia se produjo la deportación de toda la población alemana de la región, unas 570.000 personas que fueron sustituidas por ciudadanos polacos, muchos de ellos a su vez de antiguas tierras polacas que se había anexionado la Unión Soviética y un numeroso contingente de ucranianos. Fueron unos siete millones de desplazados en total los que se produjeron al abandonar los antiguos territorios alemanes perdidos tras su derrota, sin duda la emigración forzosa más grande de la historia.

12Wroclaw es sorprendente como Poznan, Cracovia o Gdansk, ciudades polacas con un encanto especial y que sin duda tienen ese atractivo centroeuropeo que cautiva a los que llegamos del sur.

Pero si hay una peculiaridad que caracteriza a la antigua Breslau, son los pequeños personajes que, cuando paseas por sus calles, salen a tu encuentro en cada rincón.

Son los enanos de Wroclaw, nadie sabe muy bien cómo llegaron. Cuenta la leyenda que se establecieron en esta zona antes incluso de la llegada de los hombres y que fue el Papa enano, el ciudadano más antiguo.

Pero también hay quien dice que fueron los habitantes de Wroclaw, no hace tanto tiempo, los que pidieron ayuda a los enanos para librarles de las travesuras del Diablillo del Oder, que con sus travesuras no hacía más que amargarles la vida.

En cualquier caso, su convivencia siempre ha sido pacífica, y más allá de la leyenda, estos pequeños gnomos, en los años 80 se convirtieron en un símbolo de resistencia contra el régimen soviético y en las protestas que se produjeron en aquellos años muchos ciudadanos se disfrazaron de enanos de color naranja para exigir cambios al gobierno e impulsar la creación de una nueva Polonia.

Hoy, más de 100 figuras se esconden en diferentes rincones de la ciudad y cada una con un significado diferente, saludan a los viandantes y permiten realizar una fascinante ruta de los enanos.

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