SAINT – LÔ, UNA HISTORIA DE MÁRTIRES Y HÉROES

L1os ciudadanos de Saint-Lô habían sentido un gran alivio el día anterior por la precisión demostrada por un caza americano en el bombardeo de la estación de ferrocarril. Un grupo de individuos que jugaban a las cartas había contemplado la escena “como si se tratara de una película”, y se había puesto a aplaudir. “Estos pilotos amigos”, escribió uno de ellos más tarde, “nos reconfortan con la idea de que los aliados no se dedicaban a bombardear ciegamente objetivos en los que la vida de los civiles corriera peligro”. Pero a las 20:00 horas del 6 de Junio los bombarderos aliados comenzaron a arrasar esa localidad de manera sistemática, como parte de una estrategia destinada a bloquear los principales cruces de carreteras y retrasar así la llegada de refuerzos alemanes a la zona de la invasión. Los avisos transmitidos por radio y los panfletos de los aliados no habían sido recibidos o no habían sido tomados en serio.

“Las ventanas y las puertas vuelan por toda la habitación”, recordaría un habitante de la ciudad. “El reloj del abuelo se estrella contra el suelo; las mesas y las sillas danzan una especie de ballet.” Las familias aterrorizadas buscaron refugio en los sótanos, y muchas personas quedaron enterradas vivas. Algunos veteranos de la Primera Guerra Mundial se negaron a refugiarse bajo tierra. Habían visto a muchos compañeros morir asfixiados bajo la tierra de las trincheras bombardeadas. El polvo que se levantaba al derrumbarse los edificios hizo que el aire fuera irrespirable. Durante esa “noche de la gran pesadilla” los habitantes de Saint-Lô pudieron contemplar la silueta de los chapiteles de su pequeña catedral envueltas en llamas. Algunos rompieron a llorar ante el escenario de su ciudad en ruinas.

Cuatro miembros de la Resistencia de Cherburgo fueron asesinados en la cárcel. El cuartel general de la Gendarmería, la Caserne Bellevue, fue completamente destruido. Más de la mitad de las casas de Saint-Lô quedaron arrasadas. Los médicos y sus ayudantes poco pudieron hacer, e incluso se vieron obligados a desinfectar las heridas con calvados. Acelerada por la vibración que producían los bombardeos, una mujer en avanzado estado de gestación, rompió aguas y parió a su hija “en medio de aquel Apocalipsis”. En cuanto comenzó la incursión aérea, muchos salieron corriendo instintivamente para buscar refugio en el campo, en graneros y granjas. Cuando por fin reunieron el valor necesario para regresar a Saint-Lô, quedaron horrorizados al sentir el olor de los cadáveres enterrados aún bajo las ruinas. Habían muerto unos trescientos civiles. De repente fueron conscientes de que Normandía iba a ser el cordero ofrecido en sacrificio para la liberación de Francia.

Antony Beevor.

El Día D.

Setenta años después, Saint-Lô, Normandía y Francia entera conmemoran el aniversario de unos hechos que marcaron el comienzo del final de la Segunda Guerra Mundial.

2En la plaza del Ayuntamiento un inmenso mural que une e inmortaliza la imagen de la ciudad arrasada con el joven rostro del comandante americano Thomas Dry Howie, da la bienvenida a quien se acerque a esta tranquila población de la región de Calvados.

Frente a la impresionante imagen, en el centro de la plaza se yergue, convertida en  monumento mortuorio, la fachada de la cárcel en cuyo interior perecieron, bajo el peso de las bombas, los miembros de la resistencia que allí estaban encerrados, y donde hoy reposan sus cenizas en el interior de una urna.

A muy pocos metros de aquel lugar se alza herida la iglesia de Notre Dame, restaurada parcialmente. Sigue mostrando sus cicatrices, y su fachada, en la que llama la atención la ausencia parcial de las agujas, da testimonio fiel de la tragedia que allí se vivió.

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En pocas ciudades como ésta se puede encontrar en tan poco espacio el resumen de los horrores de la contienda.

Saint-Lô era uno de esos objetivos clave en los mapas de los estrategas militares, cruce de caminos,  una puerta de entrada para los posibles refuerzos alemanes, y por eso fue machacada por los aliados desde el mismo día de la invasión, y puerta de salida de Normandía, por lo que debía ser tomada cuanto antes para facilitar el avance del inmenso ejército que había desembarcado en las playas para liberar el resto de Europa.

6Pero ese rápido avance no se produjo y miles de civiles franceses fueron sacrificados en pos de la libertad, mientras los soldados de uno y otro bando se destrozaban entre sí, siguiendo muchas veces las confusas órdenes de sus superiores.

Mes y medio hubo de pasar hasta que la ciudad fuera totalmente conquistada, y en el avance final llevado a cabo entre el 7 y el 20 de julio los americanos sufrieron unas 40.000 bajas.

Thomas Dry Howie, fue uno de los miles que murieron, y su nombre simbolizó el sacrificio de todos ellos. El General Gerhardt, quiso realizar un acto simbólico para resaltar la victoria de la 29ª División y ordenó que el cuerpo del comandante Howie, jefe de batallón, muerto justo antes de iniciar el ataque final a la localidad, encabezara la entrada a la ciudad en ruinas.

Subido en un jeep y envuelto en la bandera americana fue trasladado hasta los restos de la iglesia de Notre Dame, donde su cuerpo fue depositado sobre un montón de escombros.

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Desde entonces, Howie fue llamado “el comandante Saint-Lô” y su muerte representó el sacrificio de todos los soldados americanos que tomaron la ciudad.

Recientemente su recuerdo se ha reavivado y muchos han querido ver en la figura del capitán John H. Miller que encarnó Tom Hanks en la película “Salvar al soldado Ryan”, el espíritu del comandante Howie.

Sea como fuere, dejando a un lado los fastos y  los alardes de los que se rodean batallas y hazañas bélicas, una vez que el humo de los incendios ha desaparecido y el olor de los cadáveres ha quedado atrás, Saint-Lô es uno de esos lugares que nos enseña que la historia, aunque se recuerda por los nombres de los que tomaron las grandes decisiones, se escribe con la sangre de los que anónimamente se sacrificaron, muchas veces sin ningún sentido y sin saber por qué.

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