“UN RESPETO AL UNIFORME”

La culpa la tuvo el alcohol, néctar divino que desde antiguo usamos para desinhibirnos y obtener el valor que sobrios no poseemos. Son muchas las pócimas que utilizamos y en cada región tenemos la nuestra.

El zurracapote, sonoro y expresivo, describe con su nombre la esencia de una bebida que en La Rioja y en sus alrededores consumimos  puntualmente en Semana Santa. Especie de sangría muy azucarada y con toques de canela, necesita del reposo para una correcta elaboración.

Hoy en día, en tiempos de orden y domesticación, la industria se ha encargado de producirlo en masa y atraparlo en botellas.

Pero en nuestra no tan lejana niñez, su elaboración formaba parte de la fiesta y en todos los hogares las madres se afanaban con su receta particular, para conseguir su propio caldo que siempre se distinguía de los demás, ya fuera por su mayor o menor dulzura, su toque de canela y fruta o la cantidad de vino en la mezcla.

En cualquier caso, la visión de las cazuelas donde reposaba, antes de embotellarse y el aroma que impregnaba durante días la casa, era un regalo para nosotros que nos daba, muchas veces por primera vez, la oportunidad de probar aquel vino camuflado en dulzor que de otra manera nos era siempre negado.

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