EL CONFIN DE CASTILLA Y ALAVA

1Los tiempos modernos han hecho que las maravillosas vías de comunicación de las que hoy disponemos, permitan que podamos trasladarnos de un lugar a otro a una velocidad inusitada.

Pero quién no ha sentido alguna vez, cuando viajamos encerrados en nuestras máquinas, ese punto de nostalgia de los antiguos viajes, esos que hacíamos de niño, en los que no llegábamos nunca y en los que, a pesar del cansancio y el aburrimiento, siempre había algo de aquel mundo que pasaba por nuestra ventanilla que nos llamaba la atención.

Hoy, cuando salimos de casa montados en nuestro coche y nos bajamos horas más tarde a cientos de Kilómetros, no notamos ninguna diferencia. Desde el volante apreciamos poco más que el asfalto de la carretera, y nuestros acompañantes seguramente ni eso después de pasar todo el trayecto entretenidos con el aparato que les conecta  a su mundo virtual.

Ya hace mucho que no viajamos, simplemente nos trasladamos. Por eso cuando ha caído en mis manos esta estupenda descripción de Remigio Salomón, fechada en enero de 1853 y publicada en el nº 4 del Semanario Pintoresco Español, en uno de sus viajes a su paso por Miranda de Ebro, no he podido dejar de sentir cierta nostalgia y la necesidad de compartirla con vosotros.

Si hay algo que llama la atención en el relato de este viajero del pasado, es la grata impresión que le producen y las alabanzas que expresa cuando habla de las tierras vascas. Ese país diferente, que justamente, viniendo de la corte comienza en nuestra ciudad, Miranda, el confín de Castilla y Álava. Confín, sonoro nombre que no solo alude a una posición geográfica, sino también a un monumento que llamó poderosamente su atención.

“El Confín de Castilla y Álava”, un imponente monolito piramidal que desde 1787, reinando Carlos III, marca la frontera que separa las tierras castellanas de las provincias vascongadas.

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Establece los límites entre Burgos y Álava y, aunque su tamaño no corresponde al del espectacular grabado que acompaña la crónica, hoy sigue en aquel punto del camino donde Remigio se paró.

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Pocos conocen su existencia y a nadie se le ocurre ya detenerse a leer sus lápidas, de las que hace mucho que desapareció el dorado de sus letras. Pero ahí sigue vigilante, descabezado pero erguido, desafiante con sus gallardos escudos de Castilla y Álava, esperando que algún día un viajero tenga a bien detenerse en el camino, para disfrutar del placer de haber llegado, después de un arduo viaje, al Confin de Castilla.

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2 comentarios en “EL CONFIN DE CASTILLA Y ALAVA

  1. Vivimos mas porque vivimos mas deprisa pero cuando te paras delante de un simple hito en el camino como este monolito, envidias la intensidad con la que se vivía en el pasado, tenían tan poco a su alcance que a todo le sacaban mas jugo.
    Eso si tampoco hay que perder la cabeza porque sin duda cualquier tiempo pasado fue peor ahora lo que tenemos que hacer es extraer lo importante del exceso que nos rodea.
    Gracias por tu comentario.
    Por cierto me encantan tus dibujos.
    Un beso.
    Luis.

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