EL CONFIN DE CASTILLA Y ALAVA

1Los tiempos modernos han hecho que las maravillosas vías de comunicación de las que hoy disponemos, permitan que podamos trasladarnos de un lugar a otro a una velocidad inusitada.

Pero quién no ha sentido alguna vez, cuando viajamos encerrados en nuestras máquinas, ese punto de nostalgia de los antiguos viajes, esos que hacíamos de niño, en los que no llegábamos nunca y en los que, a pesar del cansancio y el aburrimiento, siempre había algo de aquel mundo que pasaba por nuestra ventanilla que nos llamaba la atención.

Hoy, cuando salimos de casa montados en nuestro coche y nos bajamos horas más tarde a cientos de Kilómetros, no notamos ninguna diferencia. Desde el volante apreciamos poco más que el asfalto de la carretera, y nuestros acompañantes seguramente ni eso después de pasar todo el trayecto entretenidos con el aparato que les conecta  a su mundo virtual.

Ya hace mucho que no viajamos, simplemente nos trasladamos. Por eso cuando ha caído en mis manos esta estupenda descripción de Remigio Salomón, fechada en enero de 1853 y publicada en el nº 4 del Semanario Pintoresco Español, en uno de sus viajes a su paso por Miranda de Ebro, no he podido dejar de sentir cierta nostalgia y la necesidad de compartirla con vosotros.

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