IMPRENTA DE POLO, EL FINAL DE DOS SIGLOS DE HISTORIA

1Esta semana que ya acaba, mis obligaciones personales me llevaron una mañana, como otras tantas, hasta Burgos para realizar una serie de gestiones. Los que vivimos fuera de la capital siempre identificamos estos desplazamientos con momentos no demasiado agradables, porque suelen ser sinónimo de algún tipo de problema, será por eso que muchas veces pasamos de largo por sus calles sin detenernos demasiado a contemplar las maravillas que el paso del tiempo ha ido dejando en ellas, aunque todos recordamos la primera vez que siendo niños nos llevaron a ver el papamoscas de la catedral.

La verdad es que no lo he vuelto a ver desde entonces porque hace ya mucho tiempo que la iglesia descubrió que podía cobrar por ello y, sinceramente, se me quitaron las ganas.

Lo que sí suelo hacer cuando el tiempo me lo permite, es pasear un ratito por el centro y después de cruzar el Arco de Santa María y contemplar  la fachada de la Catedral, perderme por sus callejuelas y buscar refugio en alguno de sus bares para recuperar fuerzas antes de volver a casa.

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En estas andaba yo la mañana del jueves cuando la casualidad quiso que me topara con una grata sorpresa.  En la calle Laín Calvo, a la que no sé muy bien cómo había llegado, un señor con mucha educación, salió a mi paso y me pidió ayuda. Su problema consistía en que debía mover una pesada mesa en un local cercano y él solo se veía incapaz. No deja de ser un halago, pensé yo, que no me he tenido nunca por un Hércules precisamente, y por supuesto me brindé a echarle una mano.

Ni siquiera me fijé en el edificio ante el que estábamos y nos costó un buen rato encontrar la llave que abría un sólido portón de hierro.

Cuando mi desconocido amigo, por fin, abrió la puerta y entramos al local que no estaba demasiado iluminado, por un momento me quedé paralizado. Fue como cruzar un túnel del tiempo. Ante nosotros, dos negras y brillantes imprentas antiguas y otra de madera, preciosa.

No hacía falta ser un experto para ver que, a pesar de su perfecto estado, el tiempo que se había detenido en aquel lugar iba más atrás del siglo XX.

Como enseguida me explicó, una vez situamos la pesada mesa en el lugar adecuado, estábamos en la trastienda de la Imprenta más antigua de Burgos, y la más antigua de España en funcionamiento hasta hace pocos meses.

Aquellas joyas dormidas nacieron en fábricas alemanas a primeros del siglo XX, excepto una fácilmente distinguible porque gran parte de su estructura era de madera, y databa del XIX, no solo se veían impecables sino que estaban en perfecto uso.

SONY DSCEste hombre encantador del que ni siquiera conocía su nombre, en un momento me explicó el funcionamiento de las máquinas, me mostró los armarios centenarios que guardaban como un tesoro las letras que daban vida a las palabras,  me contó que él conocía todos los secretos de este lugar y sabía manejar con los ojos cerrados cada uno de estos impresionantes monstruos negros que nos rodeaban, porque aunque hoy ya jubilado, había dejado allí lo mejor de su vida.

Sin dejarme hablar, me explicó que en su día fue la más prestigiosa de las imprentas de Burgos, en la que llegaron a trabajar 16 personas, y que durante cinco generaciones había sido regentada por la familia de su mujer.

Pero ahora es tiempo de tristeza, la realidad se impuso ya hace unos meses  y la imprenta, incapaz de competir con los avances tecnológicos, cerró sus puertas a finales del año pasado.

1E8CD286-C515-B57D-3090EB2B2BFDE5C7A pesar de no trabajar, las máquinas han permanecido dormidas en el lugar que ha sido su casa desde hace casi siglo y medio, hasta el día de hoy, pero según me explica con claros síntomas de indignación, a pesar de su empeño por mantener este legado en la ciudad, las circunstancias legales que hacen que la ley de arrendamiento vaya a sufrir una modificación que actualizará las rentas antiguas, le obliga a abandonar un local del que llevan pagando alquiler casi 150 años.

Y, por otra parte, la falta de interés de políticos locales y autonómicos, incapaces de dar valor a un patrimonio que más allá del legado histórico industrial que representa, tiene una gran carga sentimental, no cabe duda de que estas máquinas han sido partícipes de gran parte de la historia de esta ciudad, le han obligado a deshacerse de ellas  y según sus palabras, malvenderlas.

Es una mezcla de rabia e indignación lo que esconden las palabras de este hombre agradable y dicharachero al que apenas he sido incapaz de interrumpir mientras me mostraba los rincones de lo que un día fue una fábrica de cultura.

Con el mismo ritmo frenético que se ha producido nuestro encuentro se produce la despedida, interrumpidos por un conocido que acude al local conduciendo una furgoneta, mi inesperado anfitrión deja de atenderme para continuar con la triste labor de seguir desmontando esta parte de su pasado y del pasado de todos los burgaleses.

Yo me despido sutilmente y con el sonido en mi cabeza de aquellas máquinas centenarias atravieso el sólido portón de hierro que me devuelve al bullicio de nuestro tiempo.

Hoy, de vuelta a casa con la pena de no haber podido alargar un poquito más el inesperado encuentro de Burgos, he buscado información sobre “La Imprenta y Estereotipia de Polo”, y he podido saber que ha sido Marcelino García el que me abrió la puerta de su casa, que la joya que era su orgullo es una máquina Heildeberg de 1850 y que fue en 1879 cuando se abrieron por primera vez las puertas de la imprenta en la calle Lain Calvo 61. Anteriormente había funcionado en otros lugares desde 1835. Fundada por Pascual Polo y Palacios nacido en Burgos en 1807, su final llegó en diciembre de 2013, después de cinco generaciones de impresores, como bien me explicó Marcelino.

Os dejo dos enlaces que os acercarán más a esta pequeña historia que va mucho más allá de la muerte de un comercio. Es el fin de un tiempo y el cierre de uno de esos lugares que participaron en la historia de todos en tiempos grises y difíciles, donde la cultura era un bien inalcanzable para muchos y estas “fábricas de palabras” eran el único medio para transmitirla.

  1. IMPRENTA DE POLO 
  2. “Adiós a la imprenta de todo” (Diario de Burgos)
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