UN PEQUEÑO TESTIMONIO DEL DIA D

1Con el tiempo, los horrores de las guerras van quedando atrás y, aunque para los que los sufrieron seguramente nunca se superan, los lugares en los que se sucedieron las tragedias van cerrando las heridas y con los años se convierten en meros nombres en los libros de historia.

Dada la magnitud de algunos hechos, en ocasiones hay regiones o ciudades que se niegan a olvidar su pasado o que optan por convertirlo en parte de su presente.

Sin duda, la región francesa de Calvados en Normandía es uno de ellos y Sainte Mère Église una de tantas ciudades que han optado por no olvidar.

Esta pequeña localidad es uno de esos objetivos en los que la ineptitud o la mala fortuna convirtieron en  tragedia aquel 6 de junio de 1944, fecha en la que comenzó la por todos conocida Batalla de Normandía.

Aquella madrugada previa al desembarco en las playas, en algunos puntos de la zona, los cielos se cubrieron de  blancos paracaídas de soldados ingleses y americanos que se disponían a realizar acciones concretas indispensables para el triunfo de la ofensiva.

2Parte de los paracaidistas americanos pertenecientes a la 82 división aerotransportada, tenían como objetivo Sainte Mère Église, por un mal cálculo, en vez de tomar tierra en las afueras del pueblo para no ser localizados, cayeron en el centro, algunos en la misma plaza, donde para mayor desgracia se estaba produciendo un incendio en una de sus casas, por lo que, en aquel momento, además de los vecinos se encontraba un buen número de soldados alemanes ocupándose de la extinción.

El resultado fue dramático y muchos hombres fueron masacrados antes de llegar al suelo.

Hoy, aquella pequeña localidad, se ha convertido en un lugar más de peregrinación para contemplar los escenarios bélicos. La mayor atracción de la visita la constituye el campanario de la iglesia donde permanece congelada la estampa de un paracaidista que tuvo la desgracia de quedar allí enganchado.

John Steel era el nombre de aquel soldado que, haciéndose pasar por  muerto salvó su vida, pero colgado de aquella torre se convirtió en impotente testigo de la masacre que se producía bajo sus pies. A él y a otros muchos, los americanos los convirtieron en leyenda cuando, años más tarde los pudimos ver en la gran pantalla como  protagonistas de épicas películas.

El “Día más largo”, con John Wayne a la cabeza, se rodó en estos mismos escenarios en 19623

Por eso, ante el peligro de perderse en la trivialidad del espectáculo, descubrir en una vitrina de las muchas que complementan el impresionante Museo Airbone, que homenajea a los paracaidistas de la 82 y 101 división aerotransportada americanas, que hoy se ubica en aquella misma plaza, una pequeña carta, un testimonio de alguien que vivió de cerca aquellos hechos, es un de esos pequeños detalles que nos devuelven a la realidad. 4

Mi Pequeña historia de la invasión:

Yo fui  un soldado del ejército alemán desde octubre de 1939 hasta el final de la guerra en 1945. Mi unidad militar era la 91  División de Infantería – Regimiento Número 1058 – Compañía Stabs – Rad – Fahtzug (soldado con bicicleta). Las cuatro semanas de mayo de 1944, nosotros permanecimos cerca de Sainte Mere Eglise. Yo era el cabo y leader de seis soldados. Nosotros estuvimos desde el 2 de Junio en la torre de la iglesia, en la torre estábamos de día y también era nuestro dormitorio.

Un joven soldado de 17 años y Rudolf May de mi grupo, estaban en pie al principio de la invasión en la torre. Los otros hombres y yo estábamos en la plaza de la iglesia y el primer paracaidista americano cayó. Alfons Jakl, soldado de mi grupo, le mataron en la plaza, él yace en el cementerio militar de Orglandes. A las 4 de la mañana del 6 de Junio, John Steel, paracaidista americano, estaba colgando en la torre, mi camarada cabo, H. Schmitz, leader de otro grupo (él vive ahora en Ausburgo, Alemania) y yo le vimos y pensamos que estaba muerto. Después nos fuimos con nuestras bicicletas a nuestra unidad a dos kilómetros de St. Mere Eglise. Nuestra unidad militar se movió el 7 de junio a Carentan y la tarde del ocho de junio capitulamos en Carque ante el ejército americano. Fuimos prisioneros y nos enviaron en un barco a U.S.A hasta febrero de 1946, después fuimos a Inglaterra hasta octubre de 1947.Este tiempo de prisionero fue mejor que la guerra. Yo visité St. Mere-Eglise el 6 de junio de 1984 y me encontré con Rudolf May después de 40 años, yo no sabía dónde vivía él, ahora esá muerto. Después de 45 años he vuelto a St.M.E contigo, mi amigo Philippe. La amistad es mejor que la hostilidad. Perdonadme por mi mal inglés, yo no lo aprendí.

 

Rudí Escher.

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Más que ninguna de las armas rescatadas del pasado o de los imponentes tanques o aviones que en Sainte Mère Église podemos contemplar, la palabra de un muchacho adquiere más valor y pone rostro por un momento a los que un lejano 6 de Junio de 1944 quedaron para siempre en aquella plaza francesa.

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