EL ALTAR DE ZEUS, DE PÉRGAMO AL CORAZÓN DE BERLÍN

1Muy cerca del Egeo, en la provincia de Esmirna, a unos 100 Kms. de lo que hoy es la capital de la República Turca, se encuentra Bergama, una pequeña población situada en un promontorio al norte del río Bakir Cay, que en sus entrañas esconde uno de los tesoros de la Cultura Clásica, la antigua ciudad de Pérgamo.

Para alcanzar las ruinas que se sitúan sobre una elevación al norte y al oeste de la ciudad moderna debemos utilizar uno de los taxis que esperan a los turistas que todos los años nos acercamos por miles en busca de los tesoros de la antigua Grecia. Desde el interior del vehículo que atraviesa  a toda velocidad las callejuelas de esta humilde ciudad, solo podemos captar pequeños flashes de una realidad muy diferente a la que hemos dejado en la variopinta ciudad de Estambul. Sin duda estamos en un país más pobre de lo que su capital aparenta, y el estado de los edificios y el vestido de sus gentes lo delatan claramente.

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Cuando vamos abandonando las calles para ascender por la colina, la imagen de un niño que dispara sus imaginarias armas contra nosotros, me hace sentir por un momento una sensación de incomodidad.

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Pero enseguida dejamos atrás las inseguridades de nuestro tiempo para internarnos en pocos minutos en la realidad imponente de otra época.

La Grecia Clásica y la Imperial Roma se encuentran en la Acrópolis de Pérgamo. Ubicada al norte de una colina, albergaba uno de los conjuntos monumentales más importantes del mundo clásico.

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Esta ciudad dio nombre al pergamino, material fundamental que sustituyó al papiro y que estaba fabricado a partir de pieles de reses o de otros animales a las que por un proceso de eliminación se dejaba solo la dermis que a base de estiramientos se convertía en hojas sobre las que poder escribir y posteriormente convertir en libros o en los rollos que se conocían en la antigüedad.

Aunque su existencia es anterior a la misma Pérgamo el hecho de que aquí se fabricara en grandes cantidades con una calidad excelente, hizo que este material adoptara su nombre. Los volúmenes de la biblioteca de Pérgamo, la segunda en importancia, después de la de Alejandría, pasaron a copiarse en Pergamino en sustitución del Papiro.

5Aunque jamás se pudo confirmar, la leyenda cuenta que Marco Antonio hizo llevar, como uno de sus regalos de boda a Cleopatra,  el contenido de la biblioteca, unos 200.000 rollos, como compensación por la pérdida de la Biblioteca de Alejandría, causada por Julio César.

Hoy, cuando visitamos las ruinas de la ciudad, que en su apogeo llegó a albergar a unas 150.000 personas, nuestro guía nos indica el lugar, al norte de la plaza, donde un día se levantó la famosa biblioteca.

En el resto de la acrópolis, podemos distinguir los restos de diversos edificios, casas, cuarteles, depósitos llamados “arsenales” y un edificio algo más restaurado, el Templo de Trajano.

Trajano lo comenzó, pero después de su muerte fue el Emperador Adriano (117- 138) quien lo terminó en estilo corintio. Colocado en una terraza de 68 X 58 metros, desde 1976 arqueólogos alemanes trabajan en él para intentar devolverle parte de su antiguo esplendor.

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Y un lugar que destaca entre los demás, su Teatro. Situado en una ladera, pasa por ser uno de los teatros griegos mayores y mejor conservados. Sin duda uno de los más empinados del mundo, tiene una capacidad para 10.000 personas y fue construido en el siglo III antes de Cristo. Sufrió cambios durante la época de Caracalla, y tiene un pórtico de 246 metros de largo por 16 metros de ancho, es algo espectacular.

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En la acrópolis hay otras zonas reseñables, como el Templo de Dionisos o el de Serapis o el Agora, pero al sur del teatro hay un lugar muy especial, en una pequeña elevación flanqueado hoy por unos inmensos pinos, se encuentra el vacío que dejó el imponente Altar de Zeus.

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Nada, excepto una maltratada fotografía, nos indica que un día hubo algo allí que tuviera valor.

Construido por Eumenes II (197 – 159 a de C.), como monumento conmemorativo de la victoria sobre los gálatas, tiene forma de herradura y unas dimensiones de 36,44 x 34,20. Se compone de cuatro partes y los altorrelieves que posee describen la guerra entre los gigantes y los dioses olímpicos. El imponente altar existe, como atestigua la fotografía, pero no está aquí.

El guía nos habla de historias de expolio de los extranjeros y avaricia del sultán, de tiempos lejanos de finales del siglo XIX, cuando  un puñado de monedas sirvió a los ambiciosos europeos, alemanes concretamente, para aprovecharse del desprecio que el Imperio Otomano sentía por las antiguas culturas clásicas.

Según él aquellas joyas del arte antiguo fueron vendidas a peso, prácticamente robadas,  y por eso el actual gobierno turco ha presentado una cuestión ante el Tribunal Internacional de la Haya para intentar recuperarlas.

No sé por qué pero cuando abandonamos aquella colina, rodeados de ruinas, testigos mudos del origen de una civilización, que es la nuestra, sentí una sensación muy especial, y me prometí que lo antes posible pondría fin a aquella visita inacabada. Ocho meses después, a finales de junio de este año, nos encontrábamos a muchos kms. del mar Egeo, haciendo cola bajo la lluvia de Berlín a punto de atravesar una puerta que nos volvería a llevar a la antigua Pérgamo. Allí acababa el camino del expolio que habíamos conocido en aquella colina turca.

Carl Humann, era el nombre del ingeniero alemán, amante de la arqueología, que dirigía una de las expediciones que en la segunda mitad del siglo XIX, estaba desarrollando el Imperio alemán en el Oriente Medio. Fue en 1871, en Turquía, donde halló algunos fragmentos de esculturas de gran tamaño que denominó “La lucha”, que una vez catalogadas fueron enviadas al Altes Museun de Berlín para su estudio.

Durante cinco años permanecieron prácticamente abandonadas en sus sótanos, hasta que en 1877 llamaron la atención del nuevo director del museo, Alexander Christian Leopold Conze, especializado en arte griego antiguo. Conze no tardó en contactar con Humann para concederle los permisos extraordinarios para realizar las excavaciones en la antigua ciudad de Pérgamo y así, en 1878, ajenos a los descubrimientos que les esperaban, dieron comienzo a la excavación de lo que sería uno de los mayores hallazgos del arte helenístico.

El gobierno alemán obtuvo de las autoridades turcas los permisos necesarios para realizar las excavaciones y estipuló las condiciones del reparto del patrimonio y bienes que se obtuvieran en las mismas. Las condiciones fueron meramente económicas y el gobierno turco cerró la operación con una compensación de 20.000 marcos de oro, con lo que Alemania obtenía vía libre para trasladar a Berlín todas las piezas que pudiera encontrar del altar de Zeus.

En realidad, la historia más o menos edulcorada, no difiere mucho de la que aquel guía turco nos dio a conocer, expolio y ambición definirían perfectamente aquellos tratos comerciales.

La expedición duró años,  y a finales de 1886 acababa una de las expediciones arqueológicas más exitosas por la magnitud el hallazgo.

El Altar permaneció en el Altes Museun hasta 1930, fecha en la que se inauguró un nuevo edificio bautizado como Museo de Pérgamo situado en la misma Isla de los museos de Berlín. Este ha sido su destino definitivo hasta nuestros días, con el paréntesis que supuso su traslado a San Petersburgo después de la guerra por las autoridades soviéticas donde permaneció hasta que fue devuelto en 1959.

Hoy, por fin, atravesamos el umbral que nos lleva después de contemplar la colorida puerta de Istar de la muralla de Babilonia y la puerta del mercado Romano de Mileto a la impresionante sala que acoge el imponente Altar de Zeus y que por un momento nos traslada de nuevo a la lejana colina de la ciudad de Pérgamo al sur de su teatro, para con sus dioses y gigantes llenar el vacío que un día dejó sobre aquella pequeña elevación.

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Puerta de Istar

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Puerta del Mercado Romano de Mileto

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Altar de Zeus

Desde el 28 de septiembre de este año, esta maravilla del arte clásico sufrirá un proceso de restauración, por lo que la joya del Museo de Pérgamo no se podrá contemplar de nuevo hasta el año 2020.

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