4 DE OCTUBRE 2014. ETXAGUEN, EL REENCUENTRO CON LA MEMORIA

1Hace más de año y medio que las tierras nevadas del pueblo alavés de Etxaguen, en las estribaciones del Gorbea,  se removieron para sacar a la luz los restos anónimos de los jóvenes cuerpos que allí fueron enterrados de forma clandestina, 77 años atrás.

Si queréis conocer un poco más a fondo y sumergiros en el contexto antes de continuar la lectura, podéis hacerlo a través de esta entrada de mi antiguo blog.

Hoy, cuando el trabajo de forenses y especialistas está llegando a su fin, aquellos que vieron su cadáver arrojado a una cuneta, vuelven para reposar en un lugar más digno, que permita perpetuar su memoria.

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Aunque el trabajo exhaustivo, realizado por la Sociedad de Ciencias Aranzadi, no ha logrado todavía determinar la identidad exacta de cada uno de los cuerpos, sí ha servido para aportar luz a la historia que se esconde tras ellos.

3El relato oral de los que vivieron aquellos días y que se ha transmitido a través de los años, hablaba de un suceso concreto acaecido en el invierno del 36, en el transcurso de la batalla que se libraba en torno a Villarreal. De todos era conocido el hecho de que gentes del lugar ayudaron a transportar los cuerpos de un numeroso grupo de jóvenes milicianos de Bilbao, que pertenecían a uno de los batallones comunistas que desde la capital vizcaína habían llegado para luchar en aquella ofensiva, y que habían muerto a la vez tras la explosión de una granada de mortero que impactó en el caserío en el que se encontraban reunidos, muy cerca de Etxaguen.

En el pueblo se recuerda el carro con los cuerpos y el lugar aproximado donde se cavó una improvisada fosa junto a la carretera, muy cerquita de la iglesia.

La coincidencia de la historia con la que conocieron años más tarde, de forma casual, los familiares de uno de aquellos mozos bilbaínos, hace pensar que en la fosa reposa exactamente aquel grupo de jóvenes comunistas pertenecientes al batallón Facundo Perezagua, y cuyos nombres son conocidos aunque no se pueda determinar qué osamenta pertenezca a cada uno.

4En esta mañana soleada de otoño, tan diferente a la de la fría primavera pasada en que de nuevo vieron la luz, un emocionado sobrino nieto que en su bolsillo guarda las fotos y los amarillentos documentos del hermano de su padre, nos explica cómo la casualidad quiso que en aquellos años de guerra, un muchacho coincidiera en uno de los batallones de trabajo esclavo, en los que se encuadraba a los presos republicanos, con su abuelo. Allí le pudo contar cómo  él era uno de los que se encontraba aquel día, junto a su hermano,  en el interior de un caserío en el frente de Villarreal, y cómo a pesar de estar cerca de la línea de batalla habían hecho un alto,para compartir los víveres traídos de sus casas el día anterior tras disfrutar de un breve permiso.

Él, junto con su compañero, eran los más jóvenes y fueron los encargados de salir a buscar leña, momento en que un proyectil de mortero enemigo, impactó contra el edificio, penetrando en el interior y haciendo explosión. Todos murieron por la metralla o por la onda expansiva, excepto los dos muchachos, que aún no habían cruzado la puerta y se vieron sepultados bajo los escombros pero salvaron sus vidas.

Hoy, los descendientes de aquel miliciano, que murió con veinte años, esperan los resultados de las pruebas genéticas que confirmen la identidad de uno de aquellos pequeños féretros.

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Pero Francisco Etxebarría, director del equipo que dirige la investigación, con la experiencia y el prestigio que le avala, afirma, que ante la posibilidad de no poder realizar, por dificultades técnicas, la identificación plena de los restos, hay que pensar que la identificación está hecha. Que aquellos cuerpos que como se ha podido demostrar murieron por impactos de metralla y víctimas de una explosión, son los del grupo de milicianos del batallón comunista Facundo Perezagua, muertos en el caserío, todos ellos son sin duda el tío abuelo de los que esperan.

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Ellos y algunos más que no se han podido extraer de una fosa que en parte fue cubierta por el asfalto de la carretera que se amplió hace décadas.

10Todos  se unieron en vida por un ideal, y al margen de su filiación política, lucharon contra el fascismo y murieron por defender la legitimidad de una República que con sus defectos y virtudes, representaba la esperanza de conseguir una vida mejor para las gentes de un país, que lastrado por los intereses de una minoría privilegiada, era incapaz de conseguir el progreso necesario para sacar al pueblo de la miseria.

Por desgracia, sus ideales como sus vidas, se truncaron y unidos en la muerte permanecieron olvidados en una cuneta casi ochenta años, pero hoy, en este pequeño pueblo alavés, con un sencillo y emotivo acto se ha devuelto la dignidad a unas personas que a pesar de permanecer en el olvido, nunca dejaron de serlo.

 Es un pequeño gesto en un océano de insensatez. 

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Mapa de fosas en España

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