CUANDO EL PRESENTE NOS ATRAPA

1Este verano he tenido la oportunidad de recorrer pequeñas zonas de  esa Europa, origen de nuestra cultura y centro de nuestro universo,  cuna de grandes imperios que han sido incapaces de convivir sin destruirse por un periodo demasiado largo de tiempo.

He visitado la impresionante Berlín y he descendido por Alemania hasta la tierra de los suabos. Por el camino, he parado en Dresde y Nuremberg y  he conocido la maravillosa capital de la República Checa, Praga y la en otra época majestuosa ciudad balneario alemana de Karlsbad, hoy Checa, Karlovy Vary.

Todos son lugares llenos en la actualidad, de una vida espectacular  y al mismo tiempo depositarios de un pasado que ha marcado la historia de nuestro continente a través de los últimos siglos.

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Lugares llenos de cicatrices, de heridas sin cerrar como las que pude contemplar de nuevo en otra escapada en la que atravesamos tierras francesas y disfrutamos de la belleza de los pueblos medievales de Bretaña y de los paisajes de Normandía, testigos mudos del desembarco que este año cumple su setenta aniversario y que significó el principio del fin del más terrible de los conflictos bélicos.

De estos encuentros, en los próximos días, irán surgiendo pequeños trocitos de historia que intentaré compartir de un modo personal, a través de este blog, que es sin duda la intención que nos movió a crearlo hace ahora poco más de un año.

Pero hoy, y porque rebuscar en el pasado a veces resulta difícil cuando el presente nos bombardea con situaciones terribles que por repetidas nos resultan casi indiferentes, quiero retomar la actividad, después del paréntesis veraniego, reflexionando un poco sobre el mundo que nos rodea y la realidad que estamos creando.

En estos meses estivales hemos recibido de una forma sucesiva  un aluvión de noticias acompañadas por la inmediatez de imágenes, que solo hablaban de muerte y destrucción, guerra en muchos frentes, guerra como siempre.3

Hemos asistido impávidos al resurgimiento imparable de un nacionalismo imperialista desde Europa del Este donde Rusia, como si las más de siete décadas de revolución comunista no hubieran existido, repite los esquemas de otra época y al mando de un nuevo zar y de su corte, nacida al calor de un capitalismo feroz, utiliza la fuerza para expandirse ante los ojos cautos y temerosos de una Europa que una vez más antepone el miedo a perder su bienestar, a la firmeza que debiera transmitir.

Es la Europa de los mercaderes y los burócratas que al calor de sus intereses económicos y sus estrategias de mercado, apoya sin reservas a gobiernos como el ucraniano sin importarles demasiado las garantías que aquellos  jerarcas  pseudodemócratas les puedan ofrecer.

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Es la Europa de la utopía, nacida al calor del desastre de la Segunda Guerra Mundial, pero incapaz de salvar sus diferencias y sus intereses particulares. Es esa de la que cada vez nos sentimos más alejados y que cada vez se demuestra más débil cuando hay que tomar decisiones  firmes y reales.

Resulta bochornoso contemplar el espectáculo que dan políticos mediocres, como los españoles, mendigando un sillón en Bruselas o Estrasburgo, mientras a pocos kilómetros, ciudadanos tan europeos como ellos mueren en Lugansk o en Donetsk.

Ante nuestros ojos y muy cerca de nuestras fronteras se vuelven a abrir los abismos de sinrazón que alentaron el  apocalipsis del siglo XX .

También durante muchas semanas de este estío que ya acaba, hemos asistido perplejos al terrible espectáculo de los bombardeos israelíes sobre esa inmensa y bochornosa cárcel en la que malviven más de dos millones de personas. Gentes nacidas  y criadas en el odio. Odio que se justifica en la existencia en sí misma de aquel lugar.

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Gaza, un lugar inconcebible, consecuencia de una mala solución a un problema terrible y nunca resuelto. Mientras los niños morían ante nuestros ojos y las redes sociales ardían buscando culpables, ningún país se atrevió a tomar medidas que pudieran para la sinrazón israelí.

El poder económico ancestral del pueblo judío, que extiende sus tentáculos por todo el planeta y por supuesto tiene su base en el gigante norteamericano, hace que cualquier medida tomada por este país, por desproporcionada que sea, acabe justificándose.

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La solución sionista, que fue amparada por la ONU, para acallar la conciencia mundial, después del genocidio nazi, ha servido de simiente para generar una espiral de odio imparable que nos ha llevado donde estamos ahora.

Hoy volvemos a encontrarnos metidos hasta el cuello en una Guerra Santa, en la que el nacionalismo y el integrismo que no hemos sabido encauzar, han creado el caldo de cultivo para que retrocedamos siglos y volvamos a tener en frente a un enemigo que hace tambalear los cimientos de nuestra civilización y nuestra cultura basada en la razón.

Ahora que la sociedad occidental, en su afán de crecer y acumular, se ha dejado llevar por el capitalismo globalizado, sin importarle en ningún momento las diferencias abismales que ha ido abriendo en las sociedades de todo el planeta, ahora sentimos el escalofrío del terror, ahora que los monstruos que nosotros hemos creado amenazan nuestro futuro.

En los ojos de esos yihadistas europeos, para los que la vida ha dejado de tener valor, se resume el fracaso de toda nuestra sociedad.

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Seguramente ahora será el tiempo de luchar, ese será el discurso que nuestros dirigentes van a lanzarnos tarde o temprano, y pronto fornidos muchachos bien alimentados mezclarán su sangre con los bárbaros guerreros del moderno Saladino.

Pero en esta nueva cruzada, en la que el Dios del dinero comanda las fuerzas del bien, no será fácil conseguir la victoria, porque ni el fin ni el enemigo están claros.

Por supuesto que hay que parar la barbarie de esos seres sin alma que decapitan en directo  y masacran a poblaciones en nombre de no se sabe qué dios. Pero también la de aquellos que han permitido y han mantenido a los sátrapas que han sometido a sus pueblos durante décadas, en nombre de la estabilidad y de sus intereses particulares, creando de esa manera las condiciones que han facilitado la aparición de la fiera que ahora pretenden destruir.

Mientras, en nuestro país, seguimos preocupados por las miserias internas que nos atenazan y contemplamos con preocupación cómo llegan a nuestras costas y fronteras, incesantes oleadas de hombres y mujeres desesperados, que buscan una salida de ese oscuro callejón en que se ha convertido su tierra.

Esa África, tan cercana y tan alejada de nosotros, que a lo largo de los siglos hemos ido utilizando desde Europa a nuestro antojo y que hoy se desangra asolada por conflictos y epidemias que quizás nunca nos han interesado parar.

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Es difícil hablar de historia cuando el presente repite continuamente los errores del pasado y por las pantallas de los aparatos que rodean nuestra existencia, llegan continuos flashes que nos recuerdan la terrible realidad.

Por eso, antes de retomar de nuevo mis “raciones de historia”, después de este largo verano, he sentido la necesidad, con esta entrada, de compartir un pedacito del presente que día a día nos atrapa para convertirse, sin darnos cuenta, en un capítulo más de nuestra terrible historia.

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2 comentarios en “CUANDO EL PRESENTE NOS ATRAPA

  1. Cuánta razón tienes… Y que triste que, tras la primera y la segunda Guerra Mundial, La Guerra Civil Española y otras tantas guerras atroces, no hayamos aprendido lo que es el respeto y la tolerancia. Los gobiernos de los paises se guian por mero interes propio y no le dan valor a la vida, por lo que no les importa matar si con ello consiguen tener lo que quieren. Asi va el mundo… En vez de ir hacia delante, progresando.. Vamos para atras, como los cangrejos. A este paso volveremos a la Edad Media, donde habia que callar y ser sumiso para poder vivir.
    Que triste.

    Me gusta tu blog. Saludos,
    Laura.

    • Gracias Laura, cierto es que los gobiernos se guian por su propio interes y por desgracia aunque la idea de la supranacionalidad es muy bonita y es la mejor forma de eliminar los conflictos, al final siempre prevalecen intereses particulares que hacen que todo estalle.
      Yo creo que lo hemos hecho fatal y este voraz global e intransigente nos esta llevando a un pozo sin fondo y el radicalismo que nos da tanto miedo y amenaza el sistema es consecuencia de la falta de vision y de la exclusion de gran parte de la poblacion de este mundo global.
      Un saludo.
      Luis.

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