AUSCHWITZ, UN DESCENSO A LOS INFIERNOS – (Parte I)

El autobús avanza pesadamente por las carreteras polacas como si con su lento caminar no quisiera acercarse al destino que nos aguarda. 1

El bullicio típico de un grupo de turistas de vacaciones ha dejado paso a un ambiente más tenso que deja entrever los sentimientos que nos provoca nuestra próxima parada.

El guía que nos acompaña en nuestra aventura polaca ha creído que sería buena idea amenizarnos las dos horas de camino que tenemos por delante con la proyección de la película “El niño con el pijama de rayas”. La historia, no por conocida, menos terrible, hace un tratamiento tan sutil que nos transmite el horror no a través de las víctimas sino de los verdugos. Personalmente, no creo que sea la más adecuada para acudir a este lugar, porque entrar en el mayor de los “lager” del genocidio nazi, buscando a Bruno, el hijo del jefe del campo, es hacer de menos a los millones de niños, hombres y mujeres sin nombre que por allí pasaron, muchos de ellos sin que les diera tiempo siquiera a usar uno de aquellos pijamas de rayas.

Pero supongo que si alguien no es consciente de lo que va a ver, esta historia es una buena introducción antes de entrar en el infierno.

Mientras Shmuel y Bruno se van conociendo a través de la alambrada, yo escapo poco a poco de la pequeña pantalla, para reencontrarme con pasados recuerdos.1bis

Pienso en nuestra visita a Dachau, en Munich, un día lluvioso que parecía que se había aliado con nosotros. Cómo descubrimos los horrores poco a poco, cómo vimos aquella primera cámara de gas, fabricada allí de forma experimental como prototipo hasta llegar al máximo de eficacia, construido aquí en Polonia. Cómo vimos por primera vez las bocas abiertas de los hornos crematorios, cómo nos recorrió un escalofrío al ver las vías en la entrada del campo, sin saber que nunca habían transportado a nadie a la muerte.

Cómo el búnker siniestro lleno de celdas de castigo nos helaba la respiración, y cómo nuestra guía mejicana se emocionaba cuando los audiovisuales mostraban las imágenes de la liberación, con vagones llenos de cadáveres y esqueléticos seres sin alma.

2

Días después cruzamos el muro de piedra de Mauthausen en Austria, allí el horror se hizo más cercano. Ese sentimiento de Patria que tanto nos repele cuando estamos en casa y que tan mal se utiliza por unos y otros, en aquel lugar cobró sentido. Eran tantos los recuerdos que poblaban las paredes de las salas, nombres españoles junto a los hornos crematorios, fotos con imágenes de aquellos años cuarenta y multitud de placas recordando a los miles de paisanos que allí murieron, y al final entre todas las naciones de las víctimas, la bandera, la bandera republicana y el monumento, no el monumento español, nunca reconocido, el monumento a los republicanos.

Mauthausen fue emocionante, fue un grupo pequeño de personas de nuestro país el que allí pereció entre cientos de miles de asesinados, pero ese grupo concentraba el dolor de un pueblo que muchas veces cuando hoy oímos hablar a nuestros ignorantes políticos, parece que sigue gritando desde sus gargantas.

Nos fuimos de Mauthausen después de bajar y subir por la Escalera de la Muerte y el corazón se nos encogió, pero el alma se nos hizo más grande.

Hoy nos acercamos a Auschwitz siendo conscientes de que en este lugar la perversidad llegó a su máxima expresión y que un pueblo como el alemán, con su cultura y preparación fue capaz de creerse superior hasta convertir a gente de otra raza o condición, en animales indignos de vivir. Fue aquí donde se creó la mayor fábrica de muerte, capaz de aniquilar a más de 20.000 personas en un día. No puedo dejar de pensar en los alemanes que conozco y cómo, a pesar de no ser culpables de su herencia, han podido vivir con esa carga.

No puedo dejar de pensar en George, la única persona directa que he podido conocer que vivió aquellos días, ese hombre que hoy tiene unos 88 años estuvo aquí, vistiendo uniforme alemán. Conoció el Campo porque estuvo detenido por los rusos, que utilizaron las instalaciones para concentrar a los prisioneros alemanes y tuvo que coincidir con los pocos supervivientes que quedaron. Ese hombre que conocí en Stuttgart hace cuatro años y que, nacido en Polonia, respondió orgullosamente cuando yo le pregunté de dónde era “Ig ben Deutch”, resume el odio y el rencor de todo un pueblo que, por mucho que lo quiera ocultar, es culpable por acción u omisión del mayor crimen de la historia reciente.

Sin darnos cuenta hemos llegado a Oswiecin, una gris ciudad polaca cuyo nombre en alemán fue Auschwitz, hoy sólo pronunciarlo ya estremece, en los años cuarenta, un nombre más para los que aquí llegaban de todas partes sin sospechar su destino. El bullicio que se aprecia nos anuncia que llegamos a un lugar que tiene una gran “atracción turística”, nada que ver con Mauthausen, al que nos costó llegar, y que visitamos prácticamente solos. Hoy lo que nos vamos a encontrar es un auténtico museo del horror.

3Atravesamos la recepción y nos encontramos con un complejo de edificios de ladrillo que en nada nos recuerdan a la idea que teníamos de otros campos.

Estamos en Auschwitz I, y lo que aquí se hizo fue aprovechar unas instalaciones del ejército polaco que ya estaban construidas. La elección del lugar fue su situación geográfica, resultaba estratégica ya que situado en el sur de Polonia, el transporte desde Hungría, Chequia, Eslovaquia, Ucrania y otros países de la zona resultaba sencillo. De esta manera la “mercancía” que se quería transportar y que era tan abundante en Centroeuropa, encontró aquí fácil acomodo. Los cientos de miles de judíos, que habitaban estas tierras y que habían encontrado refugio desde hacia siglos en la tolerante Polonia, sobre todo, fueron desfilando camino de esta fábrica de exterminio.

Pero éste no fue el único lugar en que sucedió, toda Europa se fue plagando de campos de trabajo y de exterminio. Los unos sacrificando hasta la muerte a todos los “seres inferiores” después de sacarles hasta la última gota de esfuerzo para gloria del Reich, y los otros trabajando sin descanso para hacer desaparecer sin demora a todos los que impedían y contaminaban los territorios que la “Raza Aria” había de repoblar una vez reconquistados.

Auschwitz fue la cumbre del sistema, aquí se creó un conjunto de campos y éste que vamos a ver primero no era donde la eficacia industrial alemana llegaba a su límite, eso sucedía muy cerca, en Birkenau. También había otro tercer campo en las cercanías, Auschwitz III- Monowitz y otros 45 pequeños campos satélites.

Auschwitz II – Birkenau, fue la obra maestra de Himmler y era el lugar de destino de los trenes de mercancías que transportaban en condiciones inimaginables a cientos de miles de hombres, mujeres y niños, directamente a las cámaras de gas.

Auschwitz III Monowitz, era en cambio el lugar en el que se situaba la Buna, una fábrica de goma sintética en construcción perteneciente a la IG Farben, exponente máximo de la perversión y complicidad del sistema capitalista alemán, y donde unos pocos pudieron sobrevivir dada su condición de trabajadores útiles. La Buna es el lugar donde otros presos no destinados directamente al matadero, como los soldados ingleses prisioneros, fueron conscientes de la presencia de aquellos seres moribundos que compartían las jornadas con ellos y por los que poco pudieron hacer.

Nosotros penetramos en el primer campo, atravesando la puerta principal bajo el letrero infame “Arbeit macht frei” (el trabajo os hará libres).

4

Las columnas de hombres salían todos los días por aquí, al son de la música que la orquesta tocaba a su paso, arrastrando sus pies embutidos en los incómodos zuecos de madera. A la vuelta, extenuados después de una jornada de trabajo inhumano, volvían “contentos” por haber sobrevivido un día más, pensando únicamente en el cazo de inmunda “sopa” y en el mendrugo de pan que les esperaba.

5

Acompañados por la guía, empezamos a recorrer los “Blocks”, mientras sobre dibujos y fotos escuchamos la historia del sistema de campos de concentración, las dimensiones de estas instalaciones, donde se aprecia el tamaño mucho mayor del segundo campo y vamos viendo imágenes de las personas que aquí llegaban.

Por algunos pasillos, llenos de fotos, ponemos cara a las víctimas, en una sala una urna con cenizas nos recuerda su fin. En otro edificio encontramos la primera de las pruebas directas del horror, cientos de latas vacías de aquel “desinfectante industrial” Cyclon B. El contenido de cada una de ellas, significa la muerte de un montón de personas, personas como nosotros que sin saber por qué, rodeadas de otras muchas, desnudas y aterrorizadas, respiraron este veneno porque según los postulados de otros como ellos no tenían derecho a la vida.

6

7

8

Entramos en el bloque 11. En los sótanos de este edificio el 3 de septiembre de 1.941 el comandante de las SS Fritzsch experimentó con 600 prisioneros rusos y 250 polacos, encerrándolos y gaseándolos con Cyclon B.

9

El horror va in crescendo cuando, atravesando salas, vamos encontrando montones hechos con gafas, prótesis y muletas, orinales, zapatos, muchos de niños y algo escalofriante, pelo, montañas de pelo, rubio, moreno, largas melenas bajo las cuales se puede intuir la cara de las muchachas, es pelo humano y aunque ya sabíamos que todo era útil para el sadismo nazi, verlo ahí es espeluznante.

14

10

11

12

13

Son personas, lo que se esconde bajo esa larga melena rubia, es la cara de una chiquilla, indefensa y aterrorizada, lo que yo veo tras el cristal es la cara de mi hija.

15

Nadie habla, aquí no se puede hablar. Inma llora, pero ésto va más allá de los sentimientos. A pesar de haber leído y de haber visto tantas imágenes reales o recreadas por el cine no se puede expresar lo que se siente. No hay odio ni dolor capaz de expresar lo que aquí se vivió.

Al final, maletas, maletas con nombres y con direcciones escritas, con esperanza, la que los verdugos les daban cuando les decían que identificaran sus equipajes para evitar su pérdida. Era un truculento juego que hacía que el tránsito por ese viaje final fuera más sencillo y aquellas familias, con su esperanza, fueran sumisas camino del matadero. L.Bermann – Hamburg o Minska Hanna, son algunos de los nombres que reconozco y que no puedo dejar de leer tras el cristal.

16

Salimos a la calle y respiramos, caminamos entre garitas y alambradas, intentando sentir las voces de los verdugos y el silencio de las víctimas. Las órdenes en alemán y los susurros en mil idiomas, los gritos y golpes de los Kapos que, perdida su propia dignidad, hacían el trabajo sucio que los alemanes evitaban.

17 18 19

Pero nosotros seguimos escuchando los relatos de nuestra guía, pasamos junto a una viga de acero y nos explica su función de horca, entramos en un patio y vemos un lugar de fusilamiento, después vemos dónde se quitaban la ropa los condenados y por dónde salían ya desnudos hacia su destino.

21

20

Entramos en pabellones donde se conservan los camastros donde se hacinaban los presos, y bajamos hasta diminutos habitáculos donde dormían de pie varias personas sin sitio para respirar.

22

23

En un pasillo encontramos una horca muchas veces utilizada para corregir actitudes indebidas de los presos, distinta a otra que encontramos en la calle, situada entre el edificio en el que vivía el jefe del campo y otro que contiene una cámara de gas y unos hornos crematorios. Esta sirvió para ajusticiar a Rudolf Höss, el jefe del campo, que testificó en Nuremberg y reconoció la muerte de tres millones de personas, dos y medio en las cámaras de gas y medio millón, víctimas de las enfermedades y del maltrato a que eran sometidas en los campos.

24

25

Atravesamos la cámara de gas y pasamos junto a los hornos crematorios. Aquí fueron exterminadas unas 60.000 personas entre 1.941 y 1.942. Después, cuando ya estaban operativas las de Birkenau, el lugar se utilizó como refugio antiaéreo de las SS.

26

Los hornos nos saludan con sus bocas abiertas y al ver la semejanza con los que hemos visto en otros campos, no dejo de pensar además de en los que los utilizaban introduciendo de uno en uno los cuerpos, en los que los fabricaban. Cuántos tuvieron que hacer y para qué pensarían que los iba a usar las SS cuando los encargaba, cómo podían decir los alemanes que no sabían nada.

Cuando nos vamos del campo, pasamos por una sala en la que se muestra la historia polaca en el conflicto, en las palabras de la guía se entreve ese halo de justificación que rodea a todos los que vivieron de cerca estos crímenes. Los polacos, como los franceses, como los rusos, como todos los pueblos ocupados no pudieron hacer nada, ellos fueron las primeras víctimas y la resistencia intentó ayudar infiltrándose en los campos.

Nos cuenta la terrible historia de Witold Pilecki, un héroe polaco, que ingreso por voluntad propia en Auschwitz para comprobar que los rumores del genocidio eran ciertos, luego huyó, peleó en la resistencia y con los aliados y al final de la guerra, derrotados los nazis volvió a su Patria, pero considerado traidor por los rusos acabó ejecutado por ellos. En él se resume la terrible historia de este pueblo que durante todo el viaje nos ha ido transmitiendo su victimismo por el continuo maltrato que ha soportado de los países vecinos, pero que no cabe duda que en la Segunda Guerra Mundial, después de sufrir las primeras agresiones por parte de comunistas y nazis, luchó en todos los frentes para conseguir liberar su Patria y al final, cuando quedó del lado de los vencedores lo perdió todo al dejarles en manos de los que habían sido sus verdugos en el año 39.

A la católica Polonia la abandonaron como a los españoles republicanos que lucharon con la esperanza de liberar su Patria del fascismo.

Nos vamos de este lugar atravesando las alambradas que todavía conservan los carteles que advierten en alemán del peligro de morir electrocutado, lo que para muchos fue el camino de su liberación. 

28

 

Anuncios

2 comentarios en “AUSCHWITZ, UN DESCENSO A LOS INFIERNOS – (Parte I)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s