ERASE UNA CIUDAD A UNA NARIZ PEGADA

1Si hay  un personaje literario identificado con un rasgo físico peculiar, ese es Cyrano y si el nombre de una ciudad va unida a él, esa es Bergerac.

Hercule-Savinien de Cyrano de Bergerac, poeta y dramaturgo, intelectual francés que nació en París en 1619 y que fue considerado un libertino por los intelectuales de su época, unió su nombre a esta ciudad en 1638 por unas tierras que compró su abuelo, adquisición que permitió a la familia de Hercule-Savinien entrar en el círculo de la pequeña nobleza.

Sus primeros años los dedicó a la milicia, donde se hizo célebre por su arrojo y su carácter pendenciero, lo que le llevó a ser protagonista de numerosos duelos. Abandonó la vida militar tras recibir una herida en la garganta durante el sitio de Arras, y fue entonces cuando comenzó a estudiar Filosofía y acabó convirtiéndose en uno de los escritores más importantes del seiscientos francés.

Murió joven, a los 36 años, como consecuencia de las heridas que le produjo una viga que le cayó encima. Pero a pesar de su corta vida, su nombre se inmortalizó siglos después, gracias a la obra de otro dramaturgo francés, Edmond Rostand.

Fue en 1897 cuando se estrenó en el Théâtre de la Renaissance la obra “Cyrano de Bergerac”, cargada de romanticismo. Rostand crea su personaje basándose en una parte de la vida de Hercule Savinien y desde entonces su obra ha pervivido como un clásico del teatro francés.

Interpretada miles de veces y reconvertida en ópera y en obra cinematográfica, todos conocemos la imagen del caballero atormentado que, acomplejado por su rostro agraciado con una exagerada nariz, vive su amor en silencio y lo expresa escribiendo cartas a su amada en nombre del apuesto cadete del que ella está enamorada. Triste historia y triste final porque cuando ella, atrapada por las palabras más que por el portador  de las mismas se de cuenta de quién es el autor, ya será tarde y la muerte les separará para siempre.

Cyrano sigue gallardo e imponente, luciendo su hermosa nariz en una plazoleta de Bergerac y con él nos encontramos una tarde de agosto. 2

Pero si llegamos a aquella pequeña ciudad de La Aquitania francesa atraídos en parte por su nombre, poco a poco nos sorprendimos por el encanto que guarda en un sinfín de rincones.  Situada a orillas del Dordoña  y formando parte de una de una de las vías de acceso al Camino de Santiago, conserva entre sus calles el sabor de otros tiempos. Gracias al tráfico fluvial que ha facilitado el comercio, ha sabido desarrollarse a lo largo de los siglos.

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Hoy, las gabarras que antaño distribuían las mercancías de la zona siguen surcando el río cargadas con los visitantes que hasta aquí nos acercamos. Y la imponente explanada que un día sirvió para almacenar los toneles de vino de la región es testigo del tráfico de turistas hacia los barcos.

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Pero entre las callejuelas  de la ciudad podemos encontrar en antiguos edificios, vestigios ancestrales en museos como el del vino y de la flotilla o el del tabaco y en el claustro de los “Recollets” donde se encuentra La Casa de los vinos.

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Museos que nos trasladan a otros tiempos y nos dan una idea clara de cómo fue la vida de los hombres y mujeres de Bergerac en el pasado. Y en sus plazas recuerdos de sus tres últimas guerras europeas, siempre en conflicto con sus vecinos del norte.

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Y en su cielo las guirnaldas, algo sorprendente e insospechado, que en aquel agosto disfrazaba la ciudad e intentaba convertir a este pueblo del Perigord en una feria andaluza. Algo insólito que nos descolocó un poco en principio pero que, una vez asimilado, nos permitió disfrutar de una paella francesa rodeados de trajes de sevillana y contemplando un espectáculo flamenco en el marco más inesperado que reunía todos los tópicos posibles, pero quizás por eso mismo resultó algo tan atractivo.

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A Bergerac llegamos buscando el rostro de Cyrano y de allí nos fuimos con un estupendo recuerdo y con la preciosa imagen de los niños que nos acompañaron en nuestro pequeño crucero por el Dordoña y con la de la graciosa francesita vestida de gitanilla paseando por una improvisada Feria de Sevilla.

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