El TROMPETISTA DE CRACOVIA

1Una melodía cruza el cielo y por un momento el tiempo se detiene en la bulliciosa Plaza del Mercado. Era de noche la primera vez que nos sorprendió el gemido de la trompeta, sentados en una terraza de la populosa plaza de Cracovia. Ignorantes, como muchos de los viajeros que llegamos por primera vez a una ciudad desconocida, nos sorprendimos y nos preguntamos qué se escondería detrás de aquella melodía inacabada.

No sospechamos en aquel momento que el sonido interrumpido bruscamente, dejaba en el aire la nota quebrada del vigía herido que la leyenda había hecho eterna.

2Más de siete siglos ha acompañado la música del Hejnal Mariacki, a los habitantes de la ciudad. Y durante todo ese tiempo se ha detenido, de repente, en recuerdo del que con su toque alertó de la llegada de los tártaros a mediados del siglo XIII, y que al ser alcanzado por una flecha enemiga no pudo terminarlo.

No se sabe con seguridad si el hecho se refiere a la invasión de 1241 o a la de 1259, y ni siquiera  si sucedió realmente. Pero lo que si se sabe es que el Hejnal, que deriva de la palabra húngara para atardecer, ha pasado a formar parte del vocabulario polaco como sinónimo de aviso, de alerta, de alarma, y desde las invasiones tártaras se ha hecho sonar cada hora, cada día, habiendo sido interrumpido únicamente en cortos periodos bajo la dominación rusa del siglo XIX, y durante el periodo de ocupación alemán de 1939 a 1945.

3El toque de trompeta se realiza cuatro veces consecutivas, hacia los cuatro puntos cardinales.

Las primeras notas suenan hacia el castillo de Wawel en homenaje al rey, después el trompetista se gira hacia la torre del Ayuntamiento para honrar a los concejales, a continuación se gira hacia la puerta de San Florián, para dar la bienvenida a los que visitan la ciudad y finalmente se vuelve hacia la Plaza del Maly Rynek con el fin de tocar para los mercaderes y el resto de ciudadanos.

Hoy, es un miembro del cuerpo de bomberos el encargado de continuar la tradición y hacer sonar la trompeta desde la torre más alta de la Basílica  de Santa María, llamada Torre Hejnalica, lugar que por su altura era importante para la defensa de la ciudad y donde dio su último toque el vigía que, a pesar de todo, pudo avisar del ataque enemigo.

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El Hejnal es uno de esos rasgos de identidad del pueblo polaco que recuerda que, incluso tras haber sido ocupada por tártaros, por austriacos, por rusos y por alemanes, Cracovia sigue en pie.

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