MAUTHAUSEN, EL CAMPO DE LOS ESPAÑOLES

1De la inmensa red de campos de concentración que cubrieron Europa en los oscuros años de la pesadilla nazi, hay un nombre que sin duda está unido directamente a la triste historia de nuestro país.  Mauthausen, una gota de sangre española en el inmenso océano de horror que creó el sin sentido totalitario que se llevó por delante a millones de inocentes.

La gota de esos miles de republicanos españoles que allí murieron,  es suficiente para que, una vez pisado suelo austriaco, nos sintamos con la obligación de desplazarnos para visitar el lugar de su sufrimiento y, aunque sea por un momento, rescatarlos del olvido.

Unos 150 kilómetros separan Salzburgo de Linz, y muy cerca de esa ciudad austriaca se encuentra, KZ Mauthausen. Salimos temprano de la ciudad de los Príncipes Obispos, en la que Mozart vio la luz y donde hemos pasado un par de días entre sus plazas y callejuelas. Ahora, antes de volver sobre nuestros pasos hacia Baviera, queremos adentrarnos en este hermoso país para rendir homenaje a nuestros compatriotas olvidados.

La pesadilla que vivieron aquellos hombres pioneros del horror y llevados como ganado  a un destino al que les seguirían millones de personas, se narra con toda su crudeza, gracias al testimonio de unos pocos supervivientes, en el siguiente reportaje.

 El convoy de los 927

Todos los pasajeros eran republicanos españoles, no judíos. Fue el primer tren de civiles enviado a los campos nazis.


Nos ponemos en camino, alejándonos de los majestuosos Alpes y adentrándonos por las verdes llanuras austriacas, dejamos atrás algunos grandes lagos, como el Mondsee y en poco más de hora y media hemos llegado a nuestro destino.

2Después de varios cruces poco indicados, siguiendo los carteles verdes que señalan KZ, en lo alto de una colina aparece la muralla del campo. Ese muro, hecho con la sangre de aquellos primeros españoles, ya resulta impresionante.

3Una vez aparcado el coche nos dirigimos a unas modernas instalaciones, es el Centro de Interpretación de lo que hoy es el Memorial de Mauthausen. El hecho de que ni siquiera hubiera audio guías en castellano ya nos da una idea de la relativa importancia que se le da a la muerte de nuestros 7.000 compatriotas, en un lugar en el que fueron asesinadas más de 100.000 personas. Por suerte, para poder orientarnos en nuestra visita, podemos adquirir un librito en castellano que nos orientará por los rincones que vamos a recorrer. 

Entramos por la puerta principal que da a las cocheras. Un portón se abre en la muralla de piedra, sobre él, resaltan los hierros que en su día sostuvieron el águila y la esvástica que echaron abajo hombres como Jesús Tello

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El patio de las cocheras es amplio y está rodeado por la muralla desde la que los guardias vigilaban a los miles de hombres que se apelotonaban cuando llegaban, antes de ser distribuidos. Al final del patio subimos unas escaleras y pasamos junto a la Comandancia de las SS, antes de girar a la derecha y entrar por la puerta que da acceso a lo que es propiamente el Campo.

Sobre esta puerta, muy similar a la primera que hemos cruzado, colocaron los españoles antifascistas su pancarta que saludaba a las tropas que los habían liberado.

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Dentro del campo nos encontramos de frente con el patio de revista, una larga calle con barracones a sus lados. Nos llama la atención en el muro a nuestra espalda, la gran cantidad de lápidas recordando a las víctimas de todos los países. Pronto localizamos varias de nuestros compatriotas, esta pared se denominó por los presos “El Muro de las Lamentaciones” y todavía se pueden ver las argollas en las que en ocasiones se les sujetaba para ser interrogados.

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Caminamos por el patio dejando a nuestra izquierda barracones diversos en los que se puede entrar y ver la disposición de los dormitorios, comedores, letrinas. En otro se instaló un burdel, otro se destinaba para niños y jóvenes (aprendices de picapedrero), otro era exclusivo para los judíos en el que se alojaron unos 3.000 presos entre 1.941 y 1.943, siendo todos asesinados.

En otra zona se situaba a los oficiales soviéticos, unos 4.400, sin registrar nominalmente y marcados con la denominación K de Kugel (bala) y que significaba que su destino era tiro en la nuca. Había un lugar junto a la cámara de gas denominado “El rincón del tiro en la nuca”. Al preso se le conducía a una pared en la que había un medidor de estatura. A través de una hendidura abierta en el reposa cabezas, se disparaba a la cabeza del recluso convencido de que lo iban a tallar. El 2 de febrero de 1.945 unos 500 soviéticos consiguieron evadirse, esto dio lugar a lo que se denominó “la caza de liebres”. Todos, salvo ocho o diez, fueron capturados y asesinados.

10Detrás de estos barracones hay una zona de alambradas desde la que se puede apreciar un talud en el exterior donde se estuvo fusilando a multitud de reclusos hasta 1.942. A partir de 1.943 las ejecuciones se llevarían a cabo mediante tiro en la nuca. A la izquierda, por un terraplén, se vertían las cenizas de los hornos crematorios. Seguimos la fila de los barracones y donde hubo otro bloque de ellos hoy descansan los restos de unos 10.085 prisioneros, exhumados de la fosa común de Marbach. Un poco más adelante pasamos junto a un rodillo de hormigón con el que debían de aplanar el patio de revista, entonces de arena. Pesaba una tonelada. 

 Mientras paseamos por aquel terrible patio, un grupo de soldados a lo lejos hace que nos recorra un escalofrío, un oficial rodeado por sus hombres les da explicaciones mientras todos permanecen en silencio. Aunque enseguida nos damos cuenta de que están realizando una visita, como nosotros,  ver a aquellos uniformados allí pone un punto entre tenebroso y esperanzador a la situación, quién sabe si después de tantos años el ejército austriaco sigue utilizando estos lugares como terapia o como penitencia.

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Agosto 2010

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Abril 1941, Heinrich Himmler visita el Campo y contempla orgulloso su obra.

Los pabellones de la derecha guardan los recuerdos más terribles, la enfermería, los crematorios y una pequeña sala de disección donde se extraían los dientes de oro. La cámara de gas que se puso en marcha en la primavera de 1.942 y por la que pasaron miles de personas, estaba camuflada como sala de duchas y quedó desmantelada por las SS el 29 de abril de 1.945.

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Chimenea del crematorio.

Recorremos estos terribles lugares y nos estremecemos ante la cantidad de recuerdos que llenan las paredes y todos los rincones de las estancias.

Encontramos muchos nombres de españoles, vitrinas enteras con fotos y banderas republicanas. En una zona, unas fotos de un boxeador, un ciclista y un militar españoles con su uniforme. El boxeador era Llorenç Vitria i Barrera y su triste historia la podemos conocer en el estupendo blog “Holocausto en Español”

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Aquí, junto a los crematorios, está el auténtico corazón de estos hombres que nunca han sido olvidados por sus familias. Pronto saldremos del campo pero antes pasamos por el último edificio, la antigua lavandería. Hoy se encuentra dividida en dos zonas, en la primera, la Sala de Banderas y en la segunda una capilla que se utiliza para todas las religiones.

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En la primera, los estandartes de todos los países de las víctimas nos saludan inclinados como rindiendo homenaje a sus muertos. A 17la izquierda, entre otras, resalta la bandera tricolor de La República.  Nunca creí en banderas pero si alguna se puede defender, es la que lleva impregnada el dolor y la sangre de esta gente acallada tan injustamente. Pasamos por la segunda sala, hoy una capilla presidida por unos horribles cuadros en la que un sacerdote, sigue la luz divina y guía a las filas de presos hacia la cruz. Si éste es un lugar para todas las confesiones, la visión esperpéntica de este martirio divino es como poco una ofensa a muchos de los que aquí murieron.

Cruzamos el portón y nos encontramos con la zona de los Monumentos construidos por los diferentes países en honor a sus víctimas. Se levantan donde antaño estuvieron los barracones de las SS, los primeros fueron los franceses y poco a poco los demás fueron haciendo lo mismo.

18Hay algunos impresionantes como el de La Unión Soviética o como el húngaro, el polaco o el checoslovaco y, por supuesto, el judío que tiene a sus pies una montaña de piedras depositadas por las personas que a él se acercan.

Pero hay uno especial, podríamos llamarlo el de la “No España”. En el libro que nos narra lo que vemos se nomina a todos los países pero al llegar al nuestro pone “Republicanos españoles” y con un asterisco tienen que explicar: “Los que de 1.936 a 1.939 lucharon en el ejército de la República Española contra el General Franco”. Cogemos unas piedras y las depositamos sobre las demás en señal de homenaje, para continuar nuestro camino. Seguimos un sendero empedrado y pasamos junto al último de los memoriales, formado por un tobogán y otras figuras infantiles. Recuerda a todos los niños que aquí perecieron y es especialmente triste.

19El camino nos conduce hasta el lugar más característico de Mauthausen, la escalera que da acceso a la gravera de granito, “Wiener Graben”. Fue una de las razones principales para ubicar aquí este campo. Desde 1.943, en la cantera había además una fábrica de armamento y piezas para los aviones Messermicht. En la cantera trabajaban diariamente unos 2.000 reclusos por término medio y su piedra utilizada en la construcción del campo era un elemento fundamental para llevar a cabo la política de obras públicas y monumentos que proyectaba el espíritu nacionalsocialista. Estamos ante la escalera de la muerte y su sola visión sobrecoge.
18bisSus 186 peldaños salvan el desnivel bruscamente de forma que la escalera se ve empinadísima. Se construyó en el verano de 1.942 y hasta ese momento servían de peldaños bloques de piedra alineados a capricho y sin mortero. Por ella debían subir los presos con las piedras cargadas a la espalda y centenares de ellos murieron, a tiros o aplastados por piedras que rodaban por la pendiente.

Un grito se hizo popular entre los españoles cuando alcanzaban la cima “una victoria más”. Antes de llegar a la escalera hemos dejado a la derecha los taludes de las paredes cortadas a pico y que hoy están cubiertos de maleza, por los que el personal de las SS despeñaba a los prisioneros, así muchos perdieron la vida y concretamente grupos enteros de judíos holandeses, de ahí que aquellos cerdos nazis lo llamaran “El talud del paracaidismo”.

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Abril 1941 Un oficial observa “El Talud del Paracaidismo”.

Situados frente a la pendiente de la escalera decidimos descender, hace mucho calor y es lo que menos apetece, pero por eso mismo hay que hacerlo.

20Bajamos los cuatro juntos con mucha precaución porque la poca anchura de los escalones hace que resulte peligroso. Nos cruzamos con otros que suben, incluso gente mayor, nadie dice nada, y yo creo que pocos cuando visiten este lugar evitarán hacer este penoso camino. Algo en nuestro interior nos obliga a compartir el dolor, aunque sea de una forma tan insignificante.

Mientras los peques descansan en los escalones, yo paseo un buen rato por la cantera. Todavía se ven bases de hormigón de la antigua maquinaria y bajo los cortados de las paredes se han formado balsas de agua. Una placa recuerda a los que murieron despeñados de forma tan horrible. Intento imaginarme cómo sería aquel lugar, lleno de cuerpos famélicos sin esperanza y las voces de los uniformados sin conciencia para que los que el ser humano había dejado de existir.

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Alberto y Silvia se impacientan por el calor y quieren irse, qué sentirían los que no lo podían hacer. Vamos subiendo y les hago parar para fotografiarles, en mitad de la escalera la pendiente impresiona y sus caras reflejan su sentimiento. Una vez arriba, ponemos rumbo a la salida, antes de atravesar la puerta, subimos a la muralla y recorremos la zona por la que los guardias vigilaban.

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La inmensa garita principal está impecable, parece que el guardia va a salir a pedirnos la documentación.  Desde arriba, observamos la zona donde estuvo el campo de los enfermos, también llamado de los rusos. Esta zona, en el exterior de los muros, estaba concebida para acoger a prisioneros de guerra soviéticos. Hasta cinco enfermos compartían una cama, y en el último año de su existencia llegó a haber 8.000 reclusos, de hecho este lugar era un campo de la muerte. Las fotos más terribles que se pueden contemplar después de la liberación recogen cientos de cadáveres apilados en esta zona.

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General Dmitry Karbyshev in 1940

El General Karbichev, junto con otros 200 soldados soviéticos, en la noche del 15 al 16 de febrero de 1.945, fue rociado con agua helada, dejándole luego a la intemperie.

Todos morirían a consecuencia de ello. No es de extrañar que, al final de la guerra, de los miles de soldados alemanes capturados y deportados a Siberia por los rusos, sólo unos pocos volvieran. Los pueblos alemanes están llenos de largas listas de nombres de muertos después de 1.945, pero a quién le extraña.

28Para nosotros la visita va acabando, antes de retomar el camino por las carreteras austriacas, entramos un momento en el centro de interpretación. Allí se exponen multitud de objetos y documentos, pero la barrera del idioma no nos facilita su comprensión, por lo que  no nos detenemos demasiado. En el centro de la sala un conjunto de pantallas recogen testimonios individuales de personas que sufrieron en el campo, junto a su nombre, su nacionalidad. Cuando descubrimos a un español, nuestros hijos se ponen los cascos y pasan largo rato escuchando a aquel anciano  que va describiendo los horrores vividos.


Tristes pero satisfechos, después de compartir y sentir mínimamente el horror y el dolor de nuestros compatriotas y de tantos otros asesinados en nombre de la sin razón totalitaria, nos vamos con el corazón encogido,  intentando hacer valer la frase que nos despide junto a la puerta del Campo.

                       “Sirva de lección a los vivos la suerte de los muertos”.

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