LA MAGIA DE CINECITTA

1Fue la línea de metro que durante nuestra estancia en Roma, nos acercaba a Manzoni para dejarnos ya  exhaustos cada tarde, cerca de nuestra residencia,  la que nos indicó la dirección de uno de esos lugares mágicos que a todos nos suenan pero que, en principio, no pensamos visitar.

La penúltima parada de la línea A, una de las dos que recorren con dificultad los estratos arqueológicos de Roma, es Cineccità.

 El día anterior de nuestra vuelta a casa decidimos coger ese metro en dirección contraria a la habitual para conocer algo distinto, huyendo un poco del bullicio turístico en el que la ciudad eterna te atrapa.

Y así, al salir de la boca del suburbano, aparecimos lejos de las calles atestadas, junto a una carretera de extrarradio y un sencillo muro en el que se abría la puerta de la “Ciudad del Cine”. En principio no hay nada que impresione ni que nos recuerde el boato que se pudiera esperar y, por supuesto no se parece al glamour hollywoodiense al que tan acostumbrados nos tiene el cine americano.

2Pero esa sencillez, que hasta nos hizo pensar que no estábamos en el lugar adecuado, fue la que nos fue atrapando y nos ayudó a descubrir poco a poco un auténtico tesoro. En la primavera de 2012, tuvimos la suerte de que desde hacía pocos meses se llevara a cabo ”CINECCITÀ SI MOSTRA”, que ofrecía la oportunidad de realizar una visita guiada  descubriendo los secretos rincones que la legendaria fábrica de sueños esconde, algo que hasta entonces no había estado permitido para el público en general.

Mientras esperábamos a la que iba a ser nuestra guía, tuvimos la oportunidad de pasear por los jardines en los que se exponen multitud de esculturas colosales, protagonistas de las clásicas películas de romanos, hechas de cartón piedra y fabricadas con el ingenio de la familia De Angelis que desde el origen de los estudios hasta hoy han aportado su arte para realizar el atrezzo que nos ha transportado por diferentes épocas a través de la pantalla.

En el centro de los parterres emerge una de sus obras, la enorme cabeza de la Venusia de la película “El casanova de Federico Fellini”.

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1937 fue el año de la inauguración de Cineccità, el 28 de abril un Mussolini eufórico, en plena efervescencia fascista se dirigió desde un inmenso escenario, en este mismo lugar, a una masa formada en gran parte de figurantes y actores vestidos de romanos, de la película, que ya se estaba rodando, Escipión el Africano, para ensalzar las grandezas de la imperial Italia.

El proyecto había nacido a mediados de los años veinte, cuando Luigi Freddi, periodista y político, entregó a Mussolini un programa de reorganización de la cinematografía italiana, inspirándose en los grandes complejos de Hollywood. Nombrado Director General para la Cinematografía empieza a trabajar en la construcción de una nueva Ciudad del Cine.

El arquitecto encargado del proyecto es Gino Peressutti que completará los datos obtenidos por Luigi Freddi, visitando los más importantes estudios de grabación europeos de la época, en particular las infraestructuras de la UFA en Berlín donde ya se había puesto en marcha la maquinaria nazi.

4Cineccità se creó al calor del fascismo en un tiempo en el que las artes audiovisuales comenzaban su desarrollo, pero con un poder como difusores de ideas que ya intuían los regímenes totalitarios y que como una declaración de intenciones presidía el majestuoso escenario de la inauguración aquel 28 de abril con la sentencia “El cine, el arma más poderosa”

La primera etapa del proyecto se vio truncada por el devenir de la guerra, y en el lugar creado para la fantasía, la realidad se impuso. Las bombas cayeron sobre los escenarios de cartón piedra cuando los antiguos aliados alemanes bombardearon la zona en 1943. La producción estuvo un tiempo detenida y las instalaciones sirvieron de refugio para ciudadanos que las ocuparon huyendo de los rigores de la guerra. Posteriormente, y con el desembarco de las inversiones americanas, llegó la edad de oro de los estudios, se rodaron superproducciones como Quo Vadis (1949), Ben Hur (1959) o Cleopatra de Mankiewicz (1963).

En aquel Hollywood del Tíber, la industria americana siguió presente durante décadas y nacieron los Spaghetti Western, Por un puñado de dólares (1964) o La muerte tenía un precio (1965). Y, más recientemente, como ejemplo de muchas otras, El nombre de la Rosa de Jean-Jacques Annaud, Las aventuras del Barón Munchausen de Terry Gilliam, Gangs of New York de Martin Scorsese, o La pasión de Cristo de Mel Gibson.

Paralelamente a las grandes producciones internacionales en Cineccità fue surgiendo otro universo cinematográfico paralelo, el de los autores italianos.nHerederos de los neorrealistas de los años 40, Roberto Rossellini, Vittorio De Sica, Michelangelo Antonioni y de los  50 como Francesco Maselli o Carlo Lizzani hasta  bien entrados los 70 perduraron los tiempos dorados con obras maestras de Fellini, Pasolini, Scola y muchos otros.

5Pero si hay un nombre que entre todos irá siempre unido a Cineccità es el del creador del “Realismo mágico”, Federico Fellini. Gran parte de su obra la rodó aquí, casi siempre en el estudio número 5, obras como La Dolce Vita o Amarcord se forjaron en él y el propio director lo llegó a convertir en su residencia permanente. La exposición que hoy nos abre sus puertas nos llevará por un recorrido a través del tiempo que nos acercará de alguna forma a estos grandes nombres. 

Cuando por fin abandonamos los jardines del complejo, acompañados de nuestra guía, penetramos por los pasillos que un día recorrieron las  estrellas para contemplar en distintas salas los pasos que han de seguirse en el proceso de realización de una película.

Empezamos por el vestuario y accesorios creados por grandes diseñadores y prestigiosas sastrerías italianas. Podemos ver, entre otros, los vestidos de Richard Burton y Elizabeth Taylor en Cleopatra, Sophia Loren en La guapa y su fantasma de Renato Castellani (1967), Alberto Sordi en el Marqués del Grillo de Mario Monicelli(1981), Audrey Hepburn en Guerra y Paz.

6 Vestuario de Casanova de Fellini

Pasamos después a contemplar la escenografía donde se pueden ver atrezzos, fotografías y proyectos realizados para los grandes sets de películas rodadas en Cineccità.

La reconstrucción de un escenario y la contemplación de los estudios de rodaje, inmensos pabellones en los que, gracias al genio de hombres como Dante Ferreti, otro de los grandes nombres de Cineccitá y quizás el mejor y más conocido director de arte de todos los tiempos, galardonado con tres Oscar, podemos transportarnos a cualquier lugar.

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Pasear entre las calles de un bisoño Manhattan del siglo XIX, donde “los conejos muertos”, liderados por Leonardo di Caprio, luchaban por el control de Five Points es una experiencia que también debemos a Dante Ferreti.

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Y contemplar inesperadamente la grandiosidad de la Antigua Roma en todo su esplendor es algo que por sí sólo hace que merezca la pena conocer esta fábrica de sueños.

El inmenso escenario de casi cuatro hectáreas, construido para la serie de HBO, ROMA, nos lleva a los tiempos de Julio César, permitiéndonos pasear por la Vía Sacra y contemplar, con la policromía que las auténticas ruinas nos niegan, los principales edificios del foro Romano, la Basílica Julia, el arco de Jano, los templos de Venus y de Júpiter y además nos muestra las zonas suburbiales, las habitaciones del pueblo y los talleres de los artesanos.

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Es sin duda un complemento ideal después de haber paseado durante días por los legados y las ruinas de la Antigua Roma, tener la posibilidad por un momento de trasladarte en el tiempo, y ver cómo se elevan los edificios ante tí, es la magia del cine.

15Dejamos atrás la Roma Republicana y tras pasar junto a los escenarios medievales a medio construir para la serie que recreará la vida de San Francisco de Asís, llegamos al Palacio Fellini.
16 Charlton Heston en un descanso de Ben Hur

En su interior, un homenaje a los protagonistas, a los personajes que han hecho posible el mundo del cine. Retratos de actores, directores, productores y equipos que han rodado en Cineccitá. La historia, los documentos del nacimiento y los diseños del proyecto, un homenaje a Federico Fellini. Y algo muy curioso, una proyección de audiciones, pruebas de actrices y actores al inicio de su carrera, entre otras unas jovencísimas Sophia Loren y Claudia Cardinale. 

La visita va concluyendo y tras entrar en una sala donde se exponen pequeños tesoros, como el áspid que mordió a Cleopatra o una reproducción de la loba capitolina,(17) volvemos a los jardines para abandonar poco a poco un lugar que ha sido capaz de hacernos sentir protagonistas por un momento de esa magia que el cine nos ha transmitido desde niños y con el regusto amargo de dejar atrás un mundo de ilusión destinado seguramente a desaparecer desbordado por las nuevas tecnologías, pero que con todas sus imperfecciones, contiene la esencia del auténtico arte. 

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