MANFRED ROMMEL, EJEMPLO DE CONCORDIA

1Difícil es resurgir de las cenizas después de la derrota y vivir toda una vida con el estigma de la culpabilidad, pero más difícil es hacerlo conviviendo con un apellido inolvidable y que te señala como uno de los protagonistas de la catástrofe más grande que vivió el mundo en el siglo XX.

Manfred Rommel murió apenas hace tres meses, el 7 de Noviembre de 2013 a los 84 años de edad en Stuttgart, la ciudad en la que nació y  de la que fue  alcalde en 1974 y reelegido por sus conciudadanos dos legislaturas más. Su figura, poco conocida en España, es por encima de la sombra de su padre que siempre le persiguió, un ejemplo de reconciliación.

Es fácil encontrar en numerosos artículos, a raíz de su fallecimiento, un glosario de su vida donde podemos descubrir al niño que con 14 años vistió uniforme militar, y dos años después fue testigo del suicidio impuesto que llevó a la muerte a su padre, convirtiéndose en uno de esos hechos que trascienden la propia historia.


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Artículos en los que encontramos la figura de un hombre, militante del CDU (Partido Democristiano Alemán), que por encima de sus convicciones personales o religiosas siempre persiguió el diálogo y la convivencia pacífica para resolver los conflictos. Por eso, muchas veces fue considerado un rebelde dentro de sus propias filas y por eso también se hizo merecedor de innumerables reconocimientos.

Manfred, Lucie and Erwin Rommel

PARA SABER MÁS SOBRE MANFRED ROMMEL

1. http://www.theguardian.com/world/2013/nov/07/manfred-rommel

2. http://es.wikipedia.org/wiki/Manfred_Rommel

4Yo supe de la existencia de este personaje hace unos años cuando charlando con mi tío Guillermo, alemán de adopción y residente en Stuttgart durante mucho tiempo, me habló de su antiguo alcalde y de la relación que había tenido con él en  su época de militancia social y política, y en la que, a pesar de encontrarse en las antípodas ideológicas, tuvieron una relación entrañable.

Realmente no podía creer que conociera al hijo de Erwin Rommel, alguien que para cualquiera que esté interesado en nuestra historia es uno de esos personajes que, al margen de juicios morales, es en sí mismo una leyenda, pero así era.

Estos días, a raíz de enterarme de la noticia de su muerte, he tenido ocasión de charlar con Guillermo y me gustaría compartir con vosotros algunos de sus recuerdos.

Como ejemplo de ese estigma que siempre persiguió al hombre que supo crear su propio personaje, la placa que preside la casa donde vino al mundo, no hace referencia directamente a Manfred, sino que indica el lugar donde nació el hijo del Mariscal Erwin Rommel.

A lo largo de su vida siempre tuvo que ver cómo se le acercaban gentes recordando la figura idealizada de su padre. Él siempre atendió a todo el mundo pero huyó de aquellos fantasmas tan alejados del proyecto que quería construir.

Acontecimientos puntuales que mostraron su altura de miras, fueron su postura ante los suicidios de militantes del ejército rojo en la cárcel de Stammheim, en Stuttgart en 1977, permitiendo que fueran enterrados en un cementerio municipal, en contra de gran parte de la opinión pública. O su discurso tras el asesinato de dos policías en 1989, a manos de un refugiado africano, en el que dejó claro que había que evitar generalizaciones y que no se podía echar la culpa al que no la tiene “el asesino podía haber sido un blanco o un suabo”.

En aquellos años de tensión racial, en una ciudad con una minoría turca importantísima, Guillermo recuerda cómo después de unos disturbios en los que se incendiaron varias casas de turcos, se produjo una gran concentración de protesta y allí, ante 40.000 personas él, que estaba integrado en las organizaciones que defendían los derechos de los inmigrantes, tuvo la oportunidad de dirigirse conjuntamente con Manfred Rommel a aquella masa indignada para tranquilizar los ánimos.

Fueron años sin duda de peligro y pasión y ante estos conflictos Manfred ironizaba en ocasiones sobre la pureza racial,  afirmando con sorna que ante una prueba de sangre él sería el primero en ser rechazado. Comentaba que su mismo padre ya le achacaba de niño su falta de espíritu militar.5

Y como muestra de su afán conciliador, por encima de ideas partidistas, su postura de respeto cuando se aprobó  la apertura de las primeras clínicas abortivas en Alemania, a pesar de que sus creencias religiosas le hacían estar en contra del aborto, declaró su respeto a la mayoría que lo defendía. O sus declaraciones a favor de la doble nacionalidad, algo que su partido sigue negando hoy en día, en Alemania se es sólo alemán y aquellos que provienen de otros países y obtienen la ciudadanía han de renunciar a la nacionalidad del país que les vio nacer, él estaba en contra de ésto.

Como recuerdo final, una anécdota, un destello humano que nos puede acercar un poco a la persona.

Manfred Rommel estaba aquejado de una de esas enfermedades degenerativas que muchas veces nos esperan al final del camino, sufría Parkinson.

Como buen suabo, alimentaba la fama que en aquellas tierras tienen de tacaños, identificando tópicos, ellos son los catalanes de Alemania. Además, los suabos son amantes del buen vino porque los viñedos rodean las laderas de Stuttgart y sus habitantes hacen gala de buenos bebedores.

Interrogado en alguna ocasión sobre los trastornos de su enfermedad alguien le preguntó, puestos a comparar, ¿cuál es peor de estos dos males, el Parkinson o el Alzheimer? Y él, con la ironía que le caracterizaba, contestó sin dudar, “el Parkinson por supuesto, porque con esta enfermedad no puedes tomarte una copa de vino a gusto y en cambio el Alzheimer te permite disfrutarla y además te puedes olvidar de pagar”.

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Entrañable y humano, ejemplo para muchos de los políticos mediocres que hoy nos gobiernan, descanse en paz Manfred Rommel.

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2 comentarios en “MANFRED ROMMEL, EJEMPLO DE CONCORDIA

  1. Había olvidado la existencia de este hombre, recuerdo hace años que pudo salir en algún reportaje de Informe Semanal. No sé hasta que punto se puede achacar a laguien como Manfred Rommel que viviera con culpa. Primero que el era un adolescente cuando terminó la guerra, y segundo que no es lo mismo apellidarse Rommel y poder seguir haciéndolo, que el apellido sea Göring o Himmler. Hojeé en la librería hace unos pocos años un libro que trataba de los hijos de estos últimos.

    • Gracias por tu comentario, solo decirte que no me refiero a la culpa de Alfred en concreto, sino a la de su generación, que como tu dices eran adolescentes, casi niños forzados a tomar decisiones en una situación terrorífica.
      En su caso coincide que fue protagonista en primera persona de algunos hechos de esos que consideramos históricos por ser hijo de quien era y aquella vivencia tan terrible que fue el fin de su padre le situó de golpe en otra realidad.
      La figura de Erwin Rommel ha sido en cierta forma amnistiada por la historia y como tu dices en nuestra mente esta a un nivel diferente de la de otros jerarcas nazis, para vencedores y vencidos sirve para legitimar actitudes, y los alemanes ven a alguien noble que luchaba por su país y los vencedores aumentan el valor de su victoria al enfrentarse a alguien que presentan como un héroe al que han sido capaces de derrotar.
      La realidad pensándolo fríamente es que hombres tan validos como este son los que facilitaron las victorias de uno de los regimenes mas terribles que la humanidad ha sido capaz de crear y por lo tanto como eximirles de culpa y de complicidad.
      Yo imagino que Manfred con el sentido común que siempre demostró tuvo que ser muy consciente del dolor tan inmenso que arrastraba su apellido y consciente o inconscientemente con su actitud busco una compensación.

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