EL PANTEÓN DE LOS LIBERALES

1Escondida entre las ramas en la vereda del camino por donde  hoy no circulan más que entusiastas peregrinos con dirección a Santiago, nos observa una estela coronada por una cruz y envejecida por el tiempo.

 

Cenotafio lo llaman porque medio borrados por casi dos siglos de lluvias y vientos todavía se pueden leer siete nombres de siete hombres que un lejano 13 de marzo de 1834 murieron en aquel lugar en “Defensa de la Patria”.

Junto al puente de Briñas, a la entrada de Haro, lugar de obligado paso que une las orillas del Ebro desde el siglo XIII, cayeron abatidos aquel día un grupo de liberales después de luchar contra  carlistas mandados por Basilio Antonio García y Velasco.

Aquella mañana partieron desde Haro fuerzas pertenecientes a la milicia urbana que se había formado en la ciudad con partidarios de Isabel II, después de la expulsión de los carlistas que habían dominado la villa los dos primeros meses de contienda. Su destino era el cercano Monasterio de Herrera tras tener noticias de que en aquel lugar se hallaba acampado un grupo de carlistas.

Con la intención de sorprenderles les atacaron, pero lejos de reducirles fueron rechazados y hubieron de huir para no ser aniquilados. Algunos se escondieron en los campos, otros alcanzaron el puente de Briñas y pudieron salvarse, pero los más rezagados perecieron luchando en los alrededores de dicho puente.

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Un Teniente, un Sargento, un Cabo y cuatro soldados, Mateo, Pedro, Joaquín y Ebaristo, perdieron allí su vida y dejaron para siempre grabados sus nombres al lado del camino. No hacía ni seis meses de la muerte del más infame de los Borbones y la terrible sangría que nos dejó por herencia no había hecho más que empezar.3

De la ferocidad de aquella contienda civil y de los odios que se despertaron en aquellos años son ejemplo hechos tan terribles como los que se vivieron en la localidad turolense de Belcite en 1837, que podemos conocer de la mano de Jose Antonio Benavente, en el blog Historias del Bajo Aragón, y que son dignos de la mayor de las atrocidades cometidas en los campos de exterminio del siglo XX.

Un notable escritor contemporáneo consigna en estos términos lo que heredó España de aquel funesto déspota:

«Fernando VII nos dejó una herencia peor que él mismo, si es posible: nos dejó a su hermano y a su hija, que encendieron espantosa guerra. Aquel Rey que había engañado a sus padres, a sus maestros, a sus amigos, a sus ministros, a sus partidarios, a sus enemigos, a sus cuatro esposas, a sus hermanos, a su pueblo, a sus aliados, a todo el mundo, engañó también a la misma muerte, que creyó hacernos felices librándonos de semejante diablo. El rastro de miseria y escándalo no ha terminado todavía entre nosotros.»

El 1889 se construyó un monumento a los liberales fallecidos en la Guerra Carlista y se colocó en el Paseo de la Florida en Haro, recibiendo el nombre de “Panteón de los Liberales”. Hoy en día el recuerdo permanece en aquel paseo dando nombre a un parque de la ciudad.

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