EL PODER DE UNA BANDERA

7Será porque soy ciudadano de frontera  entre Castilla y el  País Vasco o porque vivo en un país que nunca ha sabido cerrar heridas por lo que seguramente siempre me ha costado identificarme con determinados símbolos. Nuestra generación no fue la que sufrió el empacho nacionalista de nuestros padres pero sí fuimos los que todavía besamos la bandera y desfilamos ante ella con uniforme militar. También a nosotros nos tocó ver cómo se la apropiaban los intransigentes y los que la utilizaban para defender unos valores trasnochados y retrógrados en el momento en que debía haber sido de todos.

Por eso, excepto en los eventos deportivos, en los que según algunos, hacemos el ridículo tarareando un himno silencioso, y que quizás nos evite la vergüenza de soltar soflamas impresentables que recogen las letras de muchos países, con poco agrado contemplo el ondear de la roja y gualda. En general, poco me atraen los emblemas nacionalistas, porque, lejos de unir, siempre son un elemento de exclusión.

Está claro que a todos nos gusta tener una identidad y que la tierra en la que hemos nacido siempre es un valor a proteger, pero lo que no deja de ser ridículo es creer que por haber nacido ahí esa tierra nos pertenece y sobre todo, que esa tierra y la gente que habita en ella es mejor que las demás.

Vivir o morir por una bandera o por una patria en esta época de globalización es vivir a medias y restringirnos la posibilidad de ser ciudadanos del mundo, es seguir anclados en el pasado.

En cualquier caso, al margen de los estandartes que ondean en nuestra península, no se puede negar que por el cielo vuelan al viento símbolos que impresionan más que otros.

1Hace poco tiempo tuvimos la oportunidad de visitar Turquía. Llegar a Estambul coincidiendo con el 90 aniversario de la fundación de su República, fue todo un espectáculo de color. El flamear en el cielo del rojo violento sobre el que flota la media luna blanca es una visión que no deja impávido a nadie.

Y para nosotros, criados en la cultura cristiana y que nos tranquiliza la expresión  “no hay moros en la costa”, aquella explosión de nacionalismo turco-otomano, no resultó demasiado tranquilizadora. No creo que haya demasiadas diferencias personales entre los que hoy habitan las tierras de la antigua Constantinopla y nosotros, aunque la cultura y la religión sigan abriendo una brecha que, por supuesto, nos diferencia.

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Pero, con la excepción de algunos radicales que se empeñan en no evolucionar, los unos y los otros nos entendemos perfectamente y los turistas que hoy visitamos estas tierras somos acogidos con gran hospitalidad.

A pesar de ésto, no puedo negar que la visión de la bandera turca con esa media luna estrellada rompiendo la unidad del rojo intenso puede llegar a intranquilizar.

Casualmente, este mismo año la vi por primera vez desplegada en un contexto muy diferente, una inmensa bandera cubría una grada del Santiago Bernabeu el día en que el Galatasaray se enfrentaba al Real Madrid la pasada primavera, y unida a los gritos y las bengalas de los hinchas, por un momento convertía aquel campo de batalla deportivo en un reflejo de lo que pudo ser siglos atrás un enfrentamiento real entre nuestros pasados imperios.

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Aunque la actual bandera turca no es exactamente la que aterrorizaba a los navegantes mediterráneos o la que vieron entrar por sus puertos los indefensos menorquines en el siglo XVI, los antepasados de los que hoy nos venden perfumes y especias en bazares y mercados, sí fueron los que desembarcaron al mando de hombres tan temibles como Barbarroja, en Mahón o Ciudadela para saquearlas y exterminar o esclavizar prácticamente a toda la población.

 Es difícil imaginar el terror que debía producir la imagen de esa media luna estrellada en aquellas gentes aisladas sin posibilidad de escapar.

5Con el declive del poderío naval Otomano a partir de la Batalla de Lepanto en octubre de 1570, ese miedo que el turco infundía, se fue disipando pero el recuerdo de aquellos días ha llegado a nosotros y más de una localidad mediterránea lo mantiene vivo en sus representaciones festivas de moros y cristianos.

Hoy, por suerte, ese temor ancestral que puede producir en mí la visión de la bandera roja con la media luna está totalmente injustificado, aunque, por desgracia para otros, como griegos, kurdos o armenios la realidad no sea la misma.

En cualquier caso, ante esta exaltación nacionalista que cubre las avenidas, cuelga de las fachadas y ondea orgullosa presidiendo la plaza Taksim yo me quedo con lo único positivo que le puedo encontrar a una bandera, su leyenda, aquella que cuenta que su origen estuvo en la visión de un sultán que quedó impresionado al contemplar el reflejo de la luna nueva, en el charco formado por la sangre de los soldados después de la terrible batalla.

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Pensar que la sangre de aquellos hombres es la que cubre las calles de Estambul me hace dejar a un lado el temor y quizás ver por primera vez mas allá de una bandera.

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3 comentarios en “EL PODER DE UNA BANDERA

  1. Esa efervescencia nacionalista turca que podemos observar actualmente es el resultado del fracaso otomano en la primera guerra mundial y la invasión posterior por parte del ejercito griego. Es en este contexto de derrota surge la figura de Atatürk que tras la reconquista del territorio a manos de las potencias extranjeras y través de su gobierno posterior de alto carácter laicista, influyó una fuerte dosis de nacionalismo a los turcos que se materializo en un exagerado culto a la bandera y a su lider. Por eso es mas una exaltación nacionalista republicana que otomana, de hecho la gente mas religiosa y seguidores del partido del gobierno AKP no se sienten tan vinculados a esta bandera,al ser el principal simbolismo del kemalismo laicista.

    Con todo pese a la imagen que tenemos en España por los múltiples ataques y batallas contra ellos, los otomanos fue un pueblo mucho mas tolerante y abierto que lo fuimos nosotros en el pasado, de hecho incluso acogieron a los moriscos y judíos que nosotros expulsamos de España y los cristianos en el imperio otomano tenían mucha libertad de culto y vivían relativamente libres. No quiero decir que fuese una sociedad perfecta, ni la fue y hubo tensiones étnicas constantes y matanzas (especialmente durantes y tras la 1ª guerra mundia) pero hubo también cierto equilibrio, al menos hasta que el imperio se desmorono. Por eso creo que ni los turcos merecen esa etiqueta de terror, ni tampoco nosotros la de santos, todos los pueblos de la historia tienen su pasado.

    Con todo comparto que la exageracion nacionalista no lleva ningún lado bueno, de hecho es este punto en el que mas discuto con mi novia que es turca, porque ella ve normal tener banderas turcas o estatuas y retratos de Atatürk por todos los lados y de hecho lo fomenta, pero creo que esas adoraciones al lider suelen acabar mal y nadie por muy importante que haya sido en la historia debe ser adorado de esa forma

    Para finalizar te dejo un enlace muy interesante, sobre la media luna turca y su bandera, de veras te lo recomiendo es un articulo muy interesante y no es un articulo mio 🙂

    http://turquistan.wordpress.com/2012/01/14/los-turcos-y-la-media-luna/

    • Gracias Miguel Angel por tu comentario y por tus conocimientos, en un tema que por supuesto no domino. Tu clara explicación, me sitúa con mas exactitud en lo que significa para los turcos de la joven Republica que fundo Atatürk ese emblema tan impresionante.
      Solo decirte que en esta entrada, al margen de alguna inexactitud histórica he querido mostrar más un sentimiento.
      En mi caso una vez desechados los prejuicios históricos de una lectura parcial de aquellas luchas imperiales que envueltas en conflictos religiosos, enmascaraban intereses comerciales, también pervive la imagen que pude contemplar en Menorca, donde viví un año, del obelisco que recuerda en Ciudadela la barbaridad que allí se cometió.
      Quizás eso es lo que me animo a transmitir ese sentimiento infundado de temor, pero por supuesto que todos los pueblos tienen su pasado y siempre esta teñido de sangre y de dolor, y aunque a muchos criados en nuestra cultura les cueste reconocerlo algunas de las mayores barbaridades cometidas lo han sido en nombre de la cruz.
      El enlace esta muy bien.
      Saludos.
      Luis.

  2. Si entiendo ese sentimiento y que el mismo sigue estado presente en la sociedad, como en la turca hacia otros pueblos. En mi tierra también sufrimos los envites e incluso el pueblo de mi madre fue saqueado y se dice que incluso mi apellido Soliño esta relacionado con aquellos eventos.

    Es difícil encontrar un punto común en la historia y las son incluso contradictorias así Drake o Barbarroja pasan de ser piratas a héroes si cambias de país.

    De hecho a mi personalmente el nacionalismo turco me parece muy peligroso, no el de las banderas y del himno, sino el que muestran los seguidores de partidos como el de los lobos grises que ultimamente estan cogiendo auge y cuya violencia fisica y verbal es una bomba de relojeria

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