MI PRIMER CONTACTO CON NORMANDÍA

1En agosto de 2009 visité por primera vez las tierras normandas, buscando las huellas de lo que allí sucedió en 1944 y unos meses después, entre las páginas del exhaustivo relato de Anthony Beevor, me sumergí en los detalles que acompañaron aquella terrible campaña que precipitó el final de la Segunda Guerra Mundial.

Cuando por fin acabé el libro escribí ésto.

 

26- 01 -2010

4Después de los días pasados en Agosto del año pasado por las tierras de Francia, aquellas que sufrieron hace 60 años, de una forma más cruel, los estertores finales del conflicto que marcó el final de un terrible periodo y el principio del sistema social que todavía hoy rige en el mundo, me quedé impresionado por las sensaciones, que todavía hoy, transmiten los restos que allí quedan.

Acabo de terminar de leer el espectacular relato, escrito por  Anthony Beevor, y que bajo el titulo “El Día D, La Batalla de Normandía”, recoge con todo lujo de detalles lo que allí sucedió. A través de sus descripciones, podemos ver los conflictos personales, las dudas y las continuas contradicciones de una serie de personajes que tuvieron que tomar decisiones en unos momentos de informaciones confusas y con la responsabilidad de que cada una de ellas se mediría en vidas humanas.

Por debajo de las personalidades egocéntricas de unos y otros, de los egoísmos de los países que defendían sus intereses concretos, se encontraban las vidas anónimas de miles de hombres que luchaban por su supervivencia mientras eran manejados como peones en una partida de ajedrez.

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A través de este relato he podido sentir la angustia de los que, cargados de miedos, se dirigían a una muerte segura sin saberlo o la de los que les esperaban soportando un castigo implacable  pero convencidos de su superioridad, alimentada por sus convicciones totalitarias escondidas tras sus guerreras con sus SS o sus carnets de las Juventudes Hitlerianas.

6Pero muchos otros solo luchaban por su vida, en el bando alemán multitud de soldados intentaban hacer lo mejor posible su trabajo, que era matar para sobrevivir, después de llevar años haciéndolo por todos los frentes de Europa, pero con la convicción de que aquello tenía que acabar cuanto antes. El miedo y el odio alimentaron aquellos días el engranaje infernal que no paró hasta la destrucción casi completa de uno de los dos bandos.

La Historia Grande es la que está en los libros, con los americanos victoriosos imponiendo su paz mundial, su lucha soterrada por avanzar cuanto antes hacia Berlín para que los soviéticos no se quedaran con la mayor parte del pastel. Las desavenencias con sus propios aliados, con desencuentros con los ingleses y los franceses. La presión de De Gaulle y las luchas fratricidas en Francia, con la terrible tensión de cuatro años de ocupación y los intereses de unos y otros por ocupar el poder, además de las ansias de venganza que nadie podía evitar.

Pero la Historia cotidiana, que es la que se nos pega a la piel, se esconde detrás de cada pueblo normando, de cada granja, de cada valla cubierta con aquel inmenso bocagge, de cada colina, de San-Lo, de Caen, de Bayeux, de Sant Marie Eglise, de cada tumba con su nombre, con su nacionalidad o con su anonimato.

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Después de haber sentido la muerte de tantos franceses bajo las bombas que los liberaban, franceses asesinados por los alemanes impotentes, americanos masacrados por su propia ignorancia ante soldados muy experimentados, americanos muertos por sus propios compañeros ante decisiones absurdas de sus jefes, polacos luchando por su patria sin tener patria, a veces contra sus propios compatriotas, rusos en los dos bandos, canadienses, ingleses, españoles y tantos otros.

8La muerte de alemanes y sus aliados resistiendo, por fin en inferioridad de condiciones, entre las luchas internas y contradicciones de unos jefes militares que ahora que el fin estaba cerca conspiraban por acabar con el monstruo que había llevado a su pueblo al infierno, sin importarles demasiado el dolor inmenso que habían provocado por todas partes.

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La Cambe

Creo que volveré a Normandía porqueen pocos sitios se puede sentir por encima de los monumentos y por debajo de las tumbas la sensación de que la pasión que allí se desató y que cubrió de horror aquella tierra anónima, sigue viva. Porque su terrible latigazo ha llegado hasta nosotros y hoy somos lo que somos por su sangre y no hay duda de que se lo debemos a aquellos hombres que la derramaron.

Ahora que se acerca el 70 aniversario de aquel Desembarco, ahora que se organizan grandes fastos para la fecha, y que los políticos preparan discursos y alabanzas, sé que volveré.

Y lo haré no para rendir homenaje a himnos ni banderas, sino para honrar a los que quedaron en aquellas tierras y que hoy reposan en La Cambe, en Colleville, en Bayeux y en tantos otros lugares que pueblan la campiña normanda.

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Colleville

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Beny sur Mere

Y para buscar en la mirada de los que en el ocaso de su existencia vuelven a reencontrase con sus compañeros, la fuerza que les impulso mas allá de la muerte.

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“Their Name Liveth For Evermore”

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