Dachau. El principio de la pesadilla.

Esperar el tren en la estación central de Munich un día lluvioso de agosto, es un buen comienzo para un viaje hacia uno de los destinos más terribles y necesarios que nos podemos encontrar cuando disfrutamos de unas vacaciones tan especiales en el corazón de 1Baviera.

El tren que parte temprano, nos conduce tras un breve trayecto hacia la cercana localidad de Dachau. Un nombre que, como tantos otros, se asocia desde el final de la guerra a una terrible historia.

Somos pocos, menos de una docena de españoles los que acompañados de Berta, nuestra guía, hemos decidido que la visita a la impresionante capital de Baviera, estaría incompleta sin pasar por aquel templo del horror.

El tren de cercanías, en poco más de veinte minutos, ha llegado a su destino. Desde allí un autobús urbano nos conducirá a lo que hoy es un museo y memorial y que antaño fue campo de concentración. Hemos recorrido el mismo camino sin retorno que 70 años antes y durante 12, hicieron miles de personas entre 1933 y 1945.

En la entrada del memorial, Berta nos introduce en la historia y en el concepto de campo de concentración, hay una diferencia fundamental entre éstos y las cárceles.

En una cárcel hay presos que cumplen una pena mayor o menor y que saben cuál es su delito, juzgado por un sistema penal más o menos justo. En los campos, los prisioneros están recluidos sin saber por qué y sin una fecha que marque su estancia ni garantías legales que les protejan.

En teoría, se podían dividir en campos de trabajo y campos de exterminio, los primeros fueron un instrumento que se utilizó para afianzar el crecimiento económico alemán antes y durante la Guerra, por lo que la mayoría estaban en Alemania, y los segundos eran máquinas de muerte destinadas a eliminar directamente a las personas. En la práctica, los campos de trabajo se fueron convirtiendo en lugares de exterminio en los que los que la agonía se alargaba hasta que las fuerzas abandonaban a aquella silenciosa mano de obra.

La complicidad manifiesta de las empresas alemanas que los utilizaron para enriquecerse y apoyaron al Régimen, es innegable, así como la de gran parte de la sociedad alemana  que calló ante la terrible realidad.

Hacemos una parada bajo la lluvia frente a una foto aérea que nos sitúa ante las 2 dimensiones del complejo que vamos a visitar. La importancia de  Dachau estriba no sólo en la magnitud del crimen aquí cometido, sino e2n el hecho de que fue el primer eslabón de la inmensa red de campos que constituyó el sistema de exterminio nazi. Aquí se formaron los verdugos y aquí tenían su academia las SS, hoy no se puede visitar porque se reconvirtió en el centro de formación de la policía de Baviera, algo difícil de entender.


Por fin llegamos a la puerta de acceso al Campo. Junto a ella un andén y un tramo de vía abandonado nos hace revivir la imagen de un tres cargado de prisioneros, pero aquí no sucedió, en realidad la vía quedó inoperativa después de la I Guerra Mundial, porque lo que se cargaba en el andén era3 pólvora y armas con destino al frente. Armas que se fabricaban aquí ya que desde 1.914, estas instalaciones en su origen eran una fábrica de armamento que daba trabajo a unas 5.000 personas, con la derrota alemana y las restricciones del Tratado de Versalles quedó paralizada en 1.918.

Los prisioneros llegaban al campo en camiones o incluso andando desde la estación del pueblo. ¿Cómo podían ignorar ese trasiego de gente los habitantes de la ciudad?

Una vez llegados a la entrada principal nos recibe una verja con una puerta peatonal con el lema “ARBEIT MACHT FREI “(El trabajo libera), una ironía más de la pensada tortura psicológica que allí comenzaba, el trabajo os hará libres porque os llevará a la muerte.

El campo entró en funcionamiento prácticamente al día siguiente de la llegada al poder de Hitler, en 1.933, y fue por recomendación de su lugarteniente Himmler que le propuso utilizarlo como lugar de reeducación para elementos asociales, dicho así no sonaba tan mal para el pueblo alemán tan amante del orden.

Así empezó la pesadilla, con esta disculpa todo opositor podía ser apresado para reeducarlo.

Cuando atravesamos la verja, ante nosotros aparece la inmensa y terrible explanada en la que dos veces al día tenían que formar todos los prisioneros, vivos o muertos. 4Si algún prisionero faltaba en el recuento, el tiempo formados podía hacerse eterno a voluntad de los guardianes. Un terrible día 40.000 hombres permanecieron en pie durante interminables horas por este motivo. El frío invernal hizo que allí mismo murieran 2.000 personas. Cuando más tarde veo dentro de aquel recinto la foto de la mortal formación y contemplo por la ventana la explanada, se me hiela la sangre.

Después de cruzar el patio, bajo la lluvia, entramos en el edificio. La primera sala que nos recibe era la que servía de recepción para los recién llegados. Sentados en mesas, los recibían, interrogaban e inscribían. Allí sigue una de aquellas mesas en las que se sentaban los eficientes funcionarios, en la pared la frase que indicaba que no se podía fumar, dirigida sólo a los prisioneros.

5Hoy en la sala podemos contemplar un montón de recuerdos de aquellos olvidados, fotos, objetos personales, tarjetas de identidad, una muy cercana perteneciente a un español de Mahón, con los sellos de La República Española, cuánto dolor e injusticia se resume en un papel como ese.

También se exponen los libros de registro, prueba palpable de la planificación del terrible crimen allí cometido, todo estaba tan organizado que por mucho que quisieron borrar las pruebas fue imposible.

Salimos de la sala pasando junto a la foto en la que vemos a varios hombres entrando para su registro, uno de ellos viste el traje típico bávaro, es un guiño que nos quiere hacer ver que el pueblo alemán fue la primera víctima del terror nazi.

Antes de seguir con la realidad del campo hacemos una parada ante u6na serie de paneles con imágenes de los años treinta ante los que Berta nos intenta explicar cómo el fenómeno del nazismo llegó al poder encabezado por Adolf Hitler.

Ayer en la Plaza Odeón tomamos conciencia de cómo nació ese movimiento en Munich. Hoy podemos continuar cuando a finales de los años veinte y después de aquel fracaso de 1.923 en el que intentaron llegar al poder al estilo de los fascistas italianos, la ideología radical de los partidos extremistas volvió a estar en auge por el hundimiento económico que se produjo con el crack del 29.

Los fondos americanos salieron de Europa y los efectos de su crisis se trasladaron de forma dramática. La tasa de paro se volvió a disparar y la pobreza y la desesperación se apoderaron de la sociedad.

Alemania  se dividió hasta tal punto que el Parlamento llegó a ser ingobernable. En 1.933 la proporción entre los escaños de los comunistas y del Partido Nazi era similar y en medio había una serie de pequeños partidos incapaces de desequilibrar la balanza. El mensaje nacionalista y xenófobo había calado hondo y mucha gente se apuntaba al discurso de culpabilizar a los demás de los males del país, los judíos se convirtieron en el blanco perfecto para buscar un chivo expiatorio, además los grandes empresarios alemanes, temerosos de la reacción de un pueblo descontento que se inclinaba cada vez más hacia una revolución social, apoyaron firmemente el discurso de Hitler ante el miedo al terror rojo.

El país se encontraba al borde de una guerra civil y el Canciller Hindenburg, incapaz de hacer frente a la situación, nombra primer ministro al líder de los nazis. Los acontecimientos se aceleran y con maniobras de coacción, el Parlamento aprueba una ley en la que se dicta que el Primer Ministro tendrá plenos poderes en caso de que se produzca cualquier atentado terrorista. Esto no tardó en suceder y tras el incendio del Reichstag, atribuido a los comunistas pero sospechosamente oportuno para los nazis, el poder legislativo pasa a manos de Hitler. Poco después Hindenburg muere y el círculo se cierra. El Führer consigue el poder absoluto y Alemania “democráticamente” se convierte en un sistema autoritario.

Después de esta explicación, no por breve menos terrible, regresamos al escenario del drama.

Pasamos a la sala contigua y nos encontramos con la habitación de las duchas, nos recorre un escalofrío porque todos tenemos en mente la imagen de las personas asfixiándose cuando esperando la caída del agua recibían el gas. Fue así en otros campos pero aquí no, este lugar se utilizaba para “asear“ realmente a los presos pero no era su única finalidad. También era una sala de tortura, contemplamos el lugar exacto en el que se situaba una viga entre dos columnas de la que sólo se conservan los extremos y que fue utilizada en incontables ocasiones para colgar, por los brazos hacia atrás, a los prisioneros hasta descoyuntarlos según nos muestra una fotografía.

También, aquí, entre otros castigos, se les arrodillaba en un artilugio que se encuentra en medio de la sala y eran azotados. 7

Todo está documentado y también se puede ver a los jerarcas nazis visitando el luga8r junto a miembros de la Cruz Roja con todo debidamente maquillado para demostrar las excelentes condiciones de vida. 

Seguimos el recorrido viendo los mapas de los campos , su situación por toda Alemania y posteriormente por la Europa ocupada, las nacionalidades de los prisioneros, 600 españoles en Dachau, sus trajes rayados, uno para toda su estancia, su precario calzado, sus platos de comida cuyo tamaño se reducía a medida que la saturación del campo crecía.

9Nos detenemos ante una vitrina que contiene el gran número de símbolos que utilizaban para marcar a los prisioneros y situarlos en los diferentes grupos que los convertían en delincuentes. Por formas y colores se dividían en Judíos, Testigos de Jehová, Homosexuales, Gitanos, Asociales, Emigrantes, Prisioneros Políticos, Delincuentes Habituales, y dentro de estos símbolos la inicial del país al que pertenecían.

10

Este sistema facilitaba la rápida identificación y era muy útil para separar a personas de la misma nacionalidad lo que dificultaba establecer lazos entre los presos y facilitaba que se enfrentaran entre si. La categoría de “asocial” servia para encuadrar a cualquiera y como homosexual podía ser considerado todo hombre soltero. Los delincuentes habituales fueron utilizados muchas veces por los carceleros para mantener la situación de terror, ya que asesinos y violadores campaban a sus anchas entre los reclusos.

Ante estos terribles símbolos que clasifican a toda una sociedad podemos hacer una reflexión sobre aquellas minorías un tanto olvidadas en la historia del exterminio y sin negar la terrible realidad del genocidio judío, recordar a Testigos de Jehová, homosexuales o gitanos, asesinados por su diferencia y a los que muy pocas veces se  cita. Más tarde en la calle podremos contemplar un Monumento, en el que se recogen todos estos símbolos pero en el que Berta pasa lista y echa de menos dos, “casualmente faltan”, el de los asociales y el de los homosexuales.

Después de contemplar multitud de fotos vemos un vídeo que nos muestra el Día de la Liberación. Los soldados americanos llegaron y descubrieron aquel horror, los pocos presos que se tienen en pie los reciben y dentro de los barracones les esperaban  espectros indescriptibles. Luego, las pilas de cadáveres se suceden, junto a los hornos, dentro de los trenes en los que muchos presos fueron evacuados para camuflar el crimen, por todas partes. Vemos a los vecinos del pueblo obligados por los americanos a acarrear a los muertos como sucedió por toda Alemania. Muchos de  aquellos hombres escuálidos que se abrazan con sus libertadores no superaron el castigo porque su grado de desnutrición era tal que sus cuerpos no soportaron el alimento que los americanos les dieron y la liberación se convirtió en su final.

Paradójicamente salimos de aquel edificio pasando junto a las cocinas en las que se preparaba la comida que no alimentaba a aquellos presos.

11Cruzando el patio, bajo la lluvia, entramos en los barracones, sólo se han reconstruido unos pocos, del resto se conservan las bases de hormigón con el número en el frente que los identificaba. Las filas de literas de madera, formadas por pequeños camastros en los que dormían dos personas, al principio, y posteriormente 12dado el hacinamiento llegaron a meterse el doble, hay una zona de comedor donde la lucha por la comida era atroz, otra zona de letrinas y un cuarto con una extraña fuente en la que los presos podían beber y junto a ella una foto que nos sobrecoge, la imagen de un hombre escuálido que en abril de 1.941 se quitó la vida ahorcándose con una pequeña cuerda del grifo de aquella fuente.

13Volvemos a salir a la calle y entramos en otro edificio. Es el búnker, el lugar impresiona, ante nosotros un inmenso pasillo con celdas a los dos lados, aquí no ha pasado el tiempo, las puertas, las rejas, esos cuartos de dos por dos, cuando miras hacia un lado en el instante en que no hay nadie y ves la hilera de puertas puedes sentir el terror de los hombres que se quedaron para siempre detrás de ellas y la maldad de los que fueron capaces de torturarles sin el menor remordimiento.

Aquí sufrieron muchos presos “especiales”, entre otros, numerosos sacerdotes críticos con el horror nazi, como atestigua la pequeña capilla instalada en una celda al final del pasillo y en la que se les permitía celebrar misa. Se les mantenía a oscuras y es curioso ver cómo hay radiadores en todas las celdas, no por humanidad sino todo lo contrario, la calefacción se solía utilizar al revés, encendiéndola en verano y apagándola en invierno.

Salimos de aquel lugar un tanto afectados, ya no nos importa ni la lluvia ni el frío, parece un día de invierno en pleno agosto.

Caminamos entre las hileras de hormigón que indican el lugar donde estuvieron los barracones, hay una zona que hemos visto en fotografía en la que había varios unidos y que formaba la enfermería,  lugar especialmente siniestro y en él se realizaron todo tipo de experimentos utilizando a personas como conejillos de indias.

14

Bajo la mirada inquietante de las torres de vigilancia llegamos a una zona de alambradas por la que salimos de las instalaciones del campo, para, tras cruzar un puente sobre un canal, llegar a la zona X.


Estas impresionantes alambradas que hemos atravesado, estaban electrificadas y fueron la esperanza para muchos hombres que al no poder resistir más se arrojaban contra ellas para acabar con sus vidas. Hoy se les recuerda con un  Memorial que describe su sufrimiento entre los alambres de espino.

16

Lo más terrible de aquellas muertes era la actitud de los guardianes que, cuando veían a un prisionero con la intención de suicidarse, bajaban la intensidad de la corriente con lo que dejaban claro que ellos eran los que decidían sobre su vida y su muerte. 15Muchos no tuvieron la posibilidad ni de decidir sobre su último destino y otros sufrieron una muerte horrenda ralentizada por sus verdugos.

Llegamos a la zona X. Es un lugar separado del campo principal y camuflado por árboles, así era y así es. Lo que aquí sucedía era secreto. Fue donde se experimentó sobre los métodos de exterminio en masa que luego se difundirían por toda la red de campos de concentración.

Lo primero que nos encontramos es un monumento al prisionero frente a un edificio bastante vulgar en el que resalta una alta chimenea. 17Junto a la puerta por la que entramos, en la fachada, hay dos pequeñas trampillas, una vez dentro atravesamos una puerta metálica y penetramos en una sala de techos bajos, totalmente embaldosada  y de la que sólo se puede salir por otra puerta similar que cierra herméticamente, estamos en la cámara de gas. En la pared, dos pequeñas tolvas comunican con las trampillas exteriores que hemos visto al entrar, aquí es donde depositaban desde fuera el Zyklon B que provocaba la asfixia. Permanecemos unos instantes dentro y fotografío a Silvia mientras mira al techo un tanto angustiada.18 Sobre nosotros hay una serie de orificios que imagino servían para aspirar el gas y purificar el aire una vez cometido el crimen, entonces otros presos debían entrar a retirar los cadáveres para pasarlos a la sala contigua donde se encuentran los hornos crematorios.

18

Salimos de aquel lugar y pasamos a esa otra sala en la que nos reciben las bocas abiertas de cuatro hornos, no son muy grandes, son unipersonales, lo que impresiona todavía más. Se puede sentir el trabajo al meter cada uno de aquellos cuerpos famélicos por la infame boca día tras día.

La cámara de gas de Dachau parece que no se llegó a utilizar, al menos de forma sistemática, seguramente se hizo esporádicamente de forma experimental ya que éste era un campo de trabajo y su utilización en masa se realizó en los campos de exterminio. Lo escalofriante de este lugar, es que aquí se creó este prototipo, como si se tratara de un artículo industrial más, antes de extenderlo al resto de las “factorías”. El concepto de la eficacia germánica aplicado en este caso resulta por si mismo aberrante.

Abandonamos la sala de los hornos, que sí se usaron continuamente para deshacerse de los que fallecían a diario y salimos de nuevo a la calle.

El día no ha mejorado en absoluto así que el largo trecho que nos separa de la entrada lo hacemos en silencio bajo la lluvia. Con el corazón encogido nos acercamos a ver los memoriales que rinden homenaje a las víctimas, el último que vemos está presidido por una urna que contiene cenizas de los hornos frente a un muro que en diversas lenguas repite la frase “NUNCA MAS”.

21

Cruzamos la verja y salimos. Dejamos la pesadilla atrás, miro a Alberto y a Silvia y creo que en sus ojos se puede ver la señal de que algo ha quedado grabado en ellos. Inma y yo nos vamos sobrecogidos, pero ellos han podido ver que el hombre es capaz de lo peor y que no hay que buscar en ningún mundo fuera del nuestro infiernos porque el verdadero infierno está en lugares como éste.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s